gonzalezmontesadolfoQueridos diocesanos:

El lanzamiento de la campaña de 2019 de Manos Unidas comienza este año haciendo memoria de sus sesenta años de existencia, que arrancan del inicio de la «Campaña contra el hambre en el mundo» lanzada por las mujeres de Acción Católica hace seis décadas, un tramo histórico de compromiso de amor al prójimo que acredita al cristianismo como fe que inspira la humanización de la vida y la paz social; una fe que alienta la búsqueda del bienestar de las personas y su promoción integra, material y espiritual.

El lema «Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas» tiene una razón natural de ser de alcance universal: la común humanidad de todas las personas; y tiene una razón trascendente, que descubre el fundamento de esta común humanidad en la paternidad de Dios, que ha creado a los seres humanos en aquella dignidad que le confiere la semejanza divina en la cual fueron creados.

La fe, nada quita a lo que a la razón se le alcanza, al hacer descansar la declaración universal de los derechos humanos en la común participación de la misma condición, fundamento de los sentimientos de compasión, solidaridad y altruismo que inspiran todas las obras de ayuda y promoción de los más débiles y desfavorecidos. La fe ilumina el amor al prójimo convirtiendo el altruismo y la sola beneficencia en generosa entrega de la vida por amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Amor al prójimo no sólo por solidaridad, sino porque Dios amó al hombre por sí mismo e incondicionalmente, antes de que el ser humano pudiera darse a sí mismo razón alguna para amar y no odiar al prójimo.

Manos Unidas pide colaboración y ayuda para llevar a cabo los proyectos que presenta en cada edición anual de su acción benefactora y promocional. Lo hace promoviendo la igualdad y el respeto a la dignidad de las personas, llamando con sus proyectos la atención sobre las necesidades de los países más empobrecidos y de los sectores sociales excluidos o en riesgo de exclusión. Trabaja con particular preocupación por la infancia y las mujeres, porque son ellas y los niños las personas que padecen en las sociedades deprimidas más sometimiento y marginación social y cultural; y lo hace sin dejar de promover una maternidad que repercuta en la crianza de los niños asistida por la higiene y la alimentación adecuada. Manos Unidas se ha convertido así en un ejemplo de ONG sin otras compensaciones que la satisfacción que produce contribuir a humanizar la vida de las personas, porque con palabras de Jesús: “hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

La igualdad entre las personas se acredita en la misma medida en que, al tiempo que se salvaguarda la igualdad en dignidad de hombres y mujeres, no se violentan ideológicamente las dotes de cada uno, las de cada hombre y cada mujer, sin que la promoción de un igualitarismo que ignora la identidad de cada sexo, ahogue su complementariedad; sin que la promoción laboral y social de la mujer margine y haga imposible a la madre el ejercicio compartido con el padre del cuidado de los recién nacidos. Manos Unidas trabaja por abrir cauces de acceso sostenible al agua entre los pobres del mundo, imprescindible no sólo para una alimentación necesaria y sana, sino del mismo modo para la crianza de los hijos con la garantía de la higiene. Trabaja para devolver dignidad a la maternidad fracasada y recomponer o proporcionar un hogar para los niños de la calle, abandonados a su suerte y pasto de la explotación y la delincuencia desde la infancia. Para ello compromete la presencia de su actuación en latitudes muy diversas, propiciando proyectos de educación de la infancia que pasan previamente por proporcionar educación social y promoción laboral de la mujer sometida.

Cuando se repasan los proyectos presentados por Manos Unidas en esta última década se toma conciencia de cuánto esfuerzo e información han sido necesarios para elaborar los proyectos. No sólo, cualquier puede constatar también cuánta ayuda técnica y financiera para llevarlos a cabo y combatir el hambre en el mundo, promocionando la igualdad y dignidad de las personas, ha puesto en juego esta organización de mujeres católicas que ha cumplido sesenta años de eficaz compromiso de apostolado social.

Con mi afecto y bendición

                          + Adolfo González Montes

                                   Obispo de Almería

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