El Buen Pastor

El tiempo de Pascua invita a profundizar en lo que significa la muerte y resurrección y hoy lo hace con la comparación del Buen Pastor. Jesús en el Evangelio se presenta a sí mismo como pastor bueno, en la 2ª lectura nos lo recuerda san Pedro y en la primera el mismo san Pedro nos explica cómo es partor bueno, muriendo y resucitando, por lo que Dios Padre lo ha constituido Mesías y Señor.

El simil procede de un mundo cultural rural, agrícola y ganadero, que para muchos de los actuales oyentes, inmersos en una cultura urbana, ha perdido su viveza natural y se ha convertido en un concepto vago. Pertenece a un mundo en que cada familia solía tener un poco de ganado, pero no el suficiente como para tener un pastor propio que los sacara cada día a pastar. Por eso se solía encomendar a pastores profesionales que se dedicaban a ello y, naturalmente, se procuraba buscar uno bueno, digno de confianza, en quien se podía confiar que trataría el ganado de la mejor manera posible. En la alegoría Jesús explica su obra apoyándose en cada una de las facetas de un pastor buenos: sabe que las ovejas tienen dueño y quiere corresponder a la confianza que ha puesto en él el dueño, siguiendo sus instrucciones. Por ello entra en el redil por la puerta. Conoce las ovejas por su nombre. Cuando las saca al campo, va delante de ellas abriendo camino. Busca en todo su bien. Las ovejas instintivamente lo siguen.

1. Jesús entra legitimamente en el redil porque es el enviado del Padre y sólo actúa de acuerdo con su voluntad, que consiste en que dé vida abundante. Para eso murió y resucitó. Sólo el que busca el bien de la persona está legitimado ante Dios para ponerse al frente de un grupo humano.

2. Es más. Por eso Jesús es la puerta que permite entrar y formar parte del pueblo de Dios. No hay salvación fuera de él. Cuando la humanidad perdió la posibilidad de acercarse a Dios por medio del único camino posible, que es el del amor puro, el Hijo de Dios se hizo hombre, solidario y representante de todos, y en nombre de todos recorrió el camino del amor que acerca a Dios, tarea que culminó en su muerte y resurrección. En Cristo resucitado todos tenemos acceso al Padre. Él es el camino, la verdad y la vida. Nadie puede ir al Padre sin él (Jn 14,6). Por eso Jesús no es mero maestro de moral. Es necesario unirse a él para poder entrar, porque él es la puerta.

3. Como pastor verdaderamente interesado por las personas las conoce por su nombre, es decir, con un conocimiento íntimo y real, sintonizando con su situación y necesidades reales; el suyo no un conocimiento frío o indiferente sino con un conocer que es amar. Como el Padre lo conoce a él y él al Padre, así nos conoce y quiere que le correspondamos conociéndolo de igual manera. Conocer a Jesús implica amarlo y seguirlo.

4. Va delante de ellas, pues ya ha recorrido el camino que ahora debemos recorrer, actualizando en nuestra vida la suya, actuando como buenos pastores en cada faceta de nuestra vida familiar y profesional. El seguimiento e imitación de Cristo es básico en la vida cristiana. Es necesario descubrir la alegría de seguir a Cristo.

5. Yo he venido para que tengan vida y vida abundante, hasta el punto de que dio su vida por nosotros, en contraposición a tantos que solo buscan aprovecharse del hombre, robando, matando, destruyendo, porque no les interesa el bien de las personas.

6. La persona tiene un olfato instintivo que le permite discernir quién busca realmente su bien auténtico. Pero es necesario no obstruir este olfato con intereses bastardos.

En su contexto histórico esta alegoría tiene carácter polémico, pues la expuso Jesús criticando la forma de actuar de los fariseos, que con pretextos religiosos no servían al hombre sino que se servían de él. Por eso es una llamada para revisar nuestro pastoreo en las diversas facetas de nuestra vida, familiar, social, eclesial. Nuestra forma concreta de ejercer nuestro pastoreo manifiesta nuestra fe en la resurrección.

En cada celebración eucarística Jesús actúa como Buen Pastor, que actualiza su tarea de ser puerta que nos lleva al Padre, caminando delante de nosotros y alimentándonos para realizar nuestra propia tarea de pastores en nuestro ambiente. Ahora se realiza de una forma especial lo que hemos recitado en el salmo responsorial: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo con su palabra,... Preparas una mesa ante mi con su cuerpo y con su sangre.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14a.36-41: Pedro: Dios lo ha constituido Señor y Mesías

SALMO RESPONSORIAL: Sal 22: El Señor es mi pastor, nada me falta

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta de san Pedro 2,20b-25: Habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Juan 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas.

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