Somos un sacerdocio sagrado

La liturgia de Pascua continúa ofreciendo diversas facetas de lo que significa la resurrección de Jesús. Hoy san Pedro en la 2ª lectura nos dice que Cristo, muriendo y resucitando nos ha convertido en pueblo sacerdotal: Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

El anhelo de todas las religiones y la finalidad de todos los sacrificios es llegar a Dios para compartir su amor, perfección y alegría. La etimología de sacrificium es lo que hace sagrado, es decir, lo que acerca a Dios. Pero ¿cómo el ser humano, finito y limitado, puede llegar a Dios, infinito, totalmente distante? Hoy día la humanidad construye medios rapidísimos para unir grandes distancias, aviones, trenes Ave... ¿Con qué medio llegar a Dios? De mil maneras lo ha intentado inútilmente la humanidad en las diversas religiones: ofreciendo alimentos, ofreciendo animales, ofreciendo velas... Pero eran caminos inválidos e inútiles, porque Dios no necesita alimentos ni animales ni velas... El único camino para llegar a Dios tiene que estar de acuerdo con su naturaleza divina. Y como Dios es amor puro, el único camino que realmente acerca a él es el amor puro. )Y quién es capaz de amar así, después del pecado original?

Dios padre, porque es amor puro, ofreció la solución: envió a su Hijo, por el que había creado todas las cosas, para que se hiciera hombre, y a sus ojos un hombre especial, pues representaba a toda la humanidad. Su tarea era recorrer el camino del amor puro en nombre propio y de toda la humanidad. Esto fue todo el ministerio público de Jesús, que vivió entre los hombres enseñando los caminos del amor y criticando las formas falsas de religiosidad. Por eso lo mataron. No murió por criminal ni con odio, sino porque hizo la voluntad del Padre por amor. Y una vida consagrada al amor, llega a Dios. Y el Padre lo resucitó porque recorrió el camino del amor. Y no solo a él sino a todos los que llevaba en su corazón, a la humanidad con la que se había solidarizado y a la que representaba. Por eso Jesús es el Camino que conduce al Padre.

Así lo explica Jesús a sus discípulos en la última cena, según el Evangelio de hoy: En la casa de mi Padre hay muchas moradas... voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros...Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Jesús resucitado ya ha vuelto y ahora nos invita a unirnos a él y él nos lleva al Padre. Por eso toda persona que lo acepta por la fe y el bautismo es sacerdote que, unido a Jesús, tiene acceso al Padre, la fuente de la felicidad. Somos un pueblo sacerdotal y nuestra ofrenda fundamental es nuestro amor que se traduce en una vida consagrada a buscar el bien de los demás. Jesús es el camino, pues se trata de que cada uno recorra personalmente el camino de amor que él recorrió, que es el único que conduce al Padre. Y además: la verdad y la vida. El sentido del conjunto es: Yo soy el camino (porque yo soy) la verdad (o revelación auténtica de Dios) y la vida (puesto que vive en el Padre y el Padre en él). Por ello Jesús no es un simple maestro de sabiduría y moral, es la presencia humanizada del Dios de la vida y el amor que sale a nuestro encuentro y nos lleva de la mano a Dios padre. Para los cristianos la única imagen válida de Dios es la revelada por Jesús: Dios es el padre de nuestro señor Jesucristo. Igualmente la moral cristiana no es un capricho impuesto por Dios sino el camino real que nos lleva a él, y como este camino es el del amor y éste se realiza en la vida secular de cada persona en su familia, trabajo y compromisos sociales, el camino que nos lleva a Dios no nos aliena de este mundo sino que nos compromete seriamente con él.       

Al servicio del sacerdocio del pueblo de Dios está el sacerdocio ministerial de los presbíteros, que tienen la tarea de hacer sacramentalmente presente el sacrificio existencial de Jesús en la Eucaristía, para hacer realidad nuestro sacrificio existencial, unido al de Cristo.

Primera lectura: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7: Escogieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo

Salmo responsorial: Sal 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.


Segunda lectura: Lectura de la primera carta de san Pedro 2,4-9: Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Juan 14,1-12: Voy a prepararos una morada.

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