prontos para dar razón de vuestra esperanza

         San Pedro, en la 2ª lectura, exhorta a todos los bautizados a estar preparados para dar razón de su esperanza. Para ello cuentan con una ayuda especial, el Espíritu Santo. En el Evangelio Jesús nos enseña que lo poseemos y nos diviniza y en la 1ª lectura se nos recuerda que nos capacita especialmente para ser testigos gozosos con nuestra vida y palabras.

         Lo normal de la vida cristiana es la alegría y la dificultad. El relato de Hechos recuerda cómo Felipe evangelizó, es decir, anunció la alegre noticia a una ciudad. Y como signo de que la recibió afirma que la ciudad se llenó de alegría. La alegría es fundamental en la vida cristiana y signo de haber sido evangelizado. Y junto a ella la persecución, totalmente compatible con ella. Si Jesús fue discutido, rechazado y llevado a la cruz, lo normal es que sus discípulos sigan el mismo camino. El rechazo revestirá diversas formas, a veces será violento y se traducirá en prisiones y muertes, a veces será ambiental y se manifestará en antipatía, marginación, silenciar, ridiculizar, poner dificultades... En esta situación existe la tentación de vivir en el gueto, huyendo de la sociedad hostil y creando un grupito aislado de la sociedad y sin influencia en ella. Pero esto es contrario al mandato de Jesús que quiere que seamos levadura en medio de la masa. Por eso contra esto nos habla san Pedro en su primera carta: no hay que huir sino vivir críticamente en medio de la sociedad como testigos, dando testimonio de nuestra fe.

         Para todo ello nos capacita el Espíritu Santo. En el Evangelio Jesús nos recuerda que un fruto importantísimo de su muerte y resurrección es el don del Espíritu Santo, que habita en nosotros como defensor y espíritu de la verdad, es decir, para acompañarnos, fortalecernos y ayudarnos a conocer la verdad, vivir en ella y dar testimonio de ella. La 1ª lectura, por otra parte, recordando la actividad de los apóstoles Pedro y Juan, nos dice que capacita especialmente para ser testigos. Los cristianos hemos recibido esta ayuda en los sacramentos del bautismo y confirmación. Pero no basta haber recibido el don, hay que cultivarlo para recibir sus frutos y Jesús nos dice que este cultivo se realiza en el amor: si me amáis guardaréis mis mandamientos... y sus mandamientos se resumen en el amor. Y es lógico porque el Espíritu Santo es amor y su caldo de cultivo es el amor.

         Con la ayuda del Espíritu hoy día es importante saber dar razón de nuestra fe, lo que implica esforzarnos por conocerla mejor y vivirla con alegría.

         La celebración de la Eucaristía es central en la vida del testigo. Ella es un momento fuerte de experiencia del Señor resucitado que fortalece para ser sus testigos gozosos.

Primera lectura: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Salmo responsorial: Sal 65: Aclamad al Señor, tierra entera.

Segunda lectura: Lectura de la primera carta de san Pedro 4,13-16: Prontos para dar razón de vuestra esperanza.

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Juan 14,15-21: Pediré al Padre que os dé otro Paráclito... el Espíritu de la verdad.

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