El espíritu Santo crea un pueblo de profetas y testigos

         En Israel Pentecostés fue originariamente una fiesta de origen agrícola que celebraba la cosecha recogida. Más adelante Israel asoció esta fiesta a sus experiencias religiosas, celebrando en ella la cosecha de Pascua que fue la alianza sinaítica, en la que fue constituido pueblo de Dios y recibió el don de la Ley. Siguiendo este esquema, los cristianos celebramos en Pascua la resurrección de Jesús y en Pentecostés su gran cosecha, el don del Espíritu Santo que tiene la tarea de repartir entre todos los hombres la salvación ganada por Jesús. Nos lo recuerda el Evangelio de hoy en que Jesús resucitado nos da el Espíritu Santo y con él la misión.

         Son múltiples las facetas de la acción del Espíritu Santo en cada persona: capacita para oír la palabra de Dios como palabra viva y eficaz, capacita para responder a ella con la fe, en el bautismo nos perdona los pecados y nos convierte en hijos de Dios y miembros del cuerpo de Cristo (2ª lectura), nos capacita para amar como Dios quiere, nos convierte en pueblo de profetas y capacita para dar testimonio como cristianos. Todo esto a nivel personal, a nivel comunitario pone al frente de la comunidad eclesial pastores capacitados para guiar al pueblo de Dios (obispos, sacerdotes, diáconos) y siempre está en el interior de la Iglesia santificándola en los sacramentos, animándolo todo y conduciéndola a su plenitud.

         De entre todas las facetas la fiesta de hoy invita a centrarse en la de pueblo de profetas, que ejercen como testigos de Jesús resucitado que ha comenzado el Reino de Dios, como pone de relieve la 1ª lectura. Cuando en su primer discurso Pedro explica lo que ha sucedido ese día en que oyeron a los apóstoles hablar en otras lenguas, dice que es el cumplimiento de lo que Dios había prometido por el profeta Joel, que llegaría un tiempo en que todo el pueblo de Dios serían profetas, haciéndose así realidad el deseo de Moisés, que deseaba que todo el pueblo pudiera profetizar (Núm 11,29).

         Ser profeta no es tanto poder adivinar el futuro cuanto poder hablar y actuar en nombre de Dios, capacitado para discernir los acontecimientos a la luz de su palabra. Para ello el profeta cuenta con la ayuda del Espíritu Santo, pero es necesario colaborar con él, conociendo la palabra de Dios con la lectura de la Sagrada Escritura y la oración y dándola a conocer como palabra viviente con la propia vida. Así el profeta se convierte en testigo de Jesús y del Reino. En la fiesta de la ascensión se recordaba que todos los cristianos tienen la tarea de ser testigos, hoy se nos dice que para ello contamos con la ayuda del Espíritu Santo que da sabiduría y fortaleza para llevar a cabo esta tarea.

     Es testigo de un acontecimiento el que lo ha visto y puede dar cuenta de él. Esto implica para el cristiano haber visto a Jesús, no sensiblemente sino con los ojos de la fe que es una visión mucho más eficaz, y haber experimentado los frutos de su obra, con la que se ha comprometido. Para el que ha visto a Jesús, este se convierte en el centro de su vida, es su amigo íntimo y vive para él. El que ha experimentado los frutos de la obra de Jesús, ha descubierto un gran tesoro que necesariamente, movido por la alegría (Mt 13,44), lo dará a conocer a los demás. Para esta tarea contamos con la ayuda del Espíritu, pero es necesario ser dóciles a su acción.

         El pueblo judío, en la fiesta de la renovación de la alianza, renovaba su compromiso de vivir como pueblo de Dios. En la celebración de la Eucaristía, nosotros actualizamos la nueva alianza y el compromiso de vivir como pueblo de profetas y testigos. En ella el Padre por medio de Jesús nos da una gracia especial del Espíritu Santo que nos hace ver mejor y capacita para ser testigos.  

  

Primera lectura: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y comenzaron a hablar

Salmo responsorial: Sal 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repueblas la faz de la tierra

Segunda lectura: Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios 12,3b.7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

Pin It

BANNER02

728x90