La eucaristía, sacramento de comunión

 

La oración de la misa explicita la finalidad de esta celebración: venerar de tal modo el memorial de la muerte y resurrección de Jesús que experimentemos sus frutos: crea comunión y alimenta.

 

Venerar el memorial. Se llama a la Eucaristía memorial en cuanto que recuerda y hace presente la muerte y resurrección de Jesús y los sentimientos con que Jesús las vivió, sentimientos de entrega total al Padre y a los hombres. Venerar es un acto ritual externo, pero que no tiene sentido si no va acompañado de las disposiciones internas requeridas, en este caso unirse con todo el corazón y con la propia vida al sacrificio de Cristo que se hace presente sacramentalmente y después se nos entrega en comunión a cada participante. En esta situación, el cuerpo y la sangre de Jesús son el verdadero maná (cf 1ª lectura) que alimenta en nuestro peregrinar camino de la Patria, como asegura Jesús en el Evangelio.

 

Jesús explica por qué alimenta: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí». La fuente de la vida es el Padre y Jesús la tiene en su interior, viviendo en perfecta comunión con el Padre. Por eso el que recibe a Jesús, entra en comunión con él y con el Padre, la fuente de la vida. La Eucaristía, pues, alimenta en la medida en que se entra en la comunión de Jesús con el Padre por medio del Espíritu Santo, cuyo ser es crear comunión. De forma magistral lo dice san Juan de la Cruz en estas estrofas:

 

Aquesta eterna fonte está escondida

en este vivo pan por darnos vida

aunque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo

en este pan de vida yo la veo

aunque es de noche.

 

Esta comunión abarca a todos los hijos del Padre, por los que ha muerto Jesús. Por eso, como dice la 2ª lectura, entrar en comunión con Jesús y el Padre implica entrar en comunión con todos sus hijos con los que formamos un solo cuerpo. La liturgia invita a hacer un breve acto de fe inmediatamente antes de comulgar: “El Cuerpo de Cristo. Amén”, donde Cuerpo se refiere a la cabeza y los miembros.

 

Entonces alimenta la Eucaristía, fortaleciendo nuestro amor a Jesús y al Padre y nuestra capacidad para crecer en la comunión con los hermanos. Comunión es el nombre, heredado de la tradición eclesial, con que designamos comúnmente el acto de comulgar; está puesto con mucha razón, pues recuerda los frutos y exigencias del sacramento. Lo mismo que en el plano humano hay alimentos buenos que de hecho no alimentan a algunas personas porque no los comen y digieren bien, así puede suceder con la comunión sacramental, se comulga y no alimenta porque falta la comunión con Jesús y los hermanos manifestada con hechos concretos, no en puros sentimentalismos.

 

El nombre de Eucaristía va unido al de Caritas. Como recuerda la segunda parte de la encíclica “Deus caritas est”, la Eucaristía es el centro de la actividad de la Iglesia, pero está precedida y seguida de otras dos actividades inseparables. Precedida por la pastoral de evangelización que da a conocer y ayuda a profundizar en Dios y su plan de salvación, culminando en el ingreso en la comunidad cristiana, que celebra la Eucaristía. Seguida por la pastoral de la caridad que invita a llevar a cabo todas las exigencias de comunión que implica la celebración de la Eucaristía. Por ello Caritas no es una ONG más, sino el brazo de la Iglesia para su servicio a los demás, especialmente a los necesitados. La “verdad” de una celebración solemne de la Eucaristía se comprueba en la “verdad” de una Caritas eficiente.

 

La celebración de hoy invita a agradecer el don de la Eucaristía y a venerarlo adecuadamente, viviendo sus exigencias de comunión.

 

Primera lectura: Lectura del libro del Deuteronomio 8,2-3.14b-16a: Te alimentó con el maná que tú no conocías ni conocieron tus padres

Salmo responsorial: Salmo147,12-13.14-15.19-20: Glorifica al Señor Jerusalén

Segunda lectura: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,16-17: El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Juan 6,51-59: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

        

Pin It

BANNER01

728x90