He corrido hasta la meta, he mantenido la fe

         La liturgia celebra de forma conjunta la fiesta de los dos grandes apóstoles de la Iglesia de Roma, san Pedro y san Pablo, por lo que es necesario dar relieve a las dos figuras, evitando la tendencia a realzar la figura de Pedro y dejar en un segundo plano –o silenciar- la de Pablo. No se unieron ambas celebraciones por falta de días en el calendario, que sobran, sino conscientemente para poner de relieve la acción de Dios en sus santos patronos. Aunque no fueron ellos los fundadores de la comunidad romana, ambos ejercieron en ella su ministerio, en ella dieron testimonio de su fe con el martirio y en ella están enterrados. La Iglesia de Roma es depositaria de su sepulcro y de su tradición y por ello el obispo de Roma es heredero del carisma de presidencia que Jesús confió a Pedro y del carisma misionero que confió a Pablo al servicio de toda la Iglesia.

         Pedro y Pablo, dos personas diferentes, pero coincidentes en su fidelidad a la tarea recibida. La 1ª lectura recuerda un antecedente del martirio de Pedro y la 2ª el testamento de Pablo en que declara que va a la muerte consciente de la misión cumplida. Ambos tuvieron que afrontar muchas dificultades, pero con la gracia de Dios se mantuvieron fieles hasta el final. De Pedro solo conocemos lo que nos recuerda la 1ª lectura y su crucifixión final en Roma, de Pablo conocemos mucho más por los Hechos de los Apóstoles, por su propio testimonio en sus cartas y por la tradición histórica que afirma que terminó decapitado en Roma.

         Ambos fueron elegidos por Jesús, aunque de diferente manera. Simón fue llamado al comienzo del ministerio y siguió a Jesús durante todo él; fue elegido además como miembro principal del grupo de los Doce, como recuerda el Evangelio, y, como tal, fue el primero en dar testimonio de la muerte y resurrección de Jesús, Pablo, en cambio, fue elegido por Jesús en los primeros años de la Iglesia, cuando lleno de celo perseguía a los cristianos. Por ello consideraba su nacimiento a la fe como abortivo (1 Cor 15,8), inmerecido y contra naturaleza. Todo ello muestra que la vocación es gracia de Dios que llama a quién quiere, cuando quiere y cómo quiere.

         Ambos son diferentes por su misión y modo de actuar. Pedro predicó el evangelio especialmente a los judíos, sin excluir a los gentiles, Pablo, en cambio, se dirigió especialmente a los gentiles, sin excluir a los judíos. Pedro recibió la tarea de ser piedra de la Iglesia al frente de la Iglesia apostólica, dedicándose a predicar el Evangelio y a visitar las comunidades eclesiales como signo de comunión. Son pocos los datos biográficos que poseemos de su actividad, pero sabemos que visitó las comunidades de Lida, Jafa, Cesarea, Antioquía de Siria, Corinto y Roma. También se nos recuerda que Dios le confió la tarea de admitir los primeros gentiles en la comunidad cristiana. Pablo, por su parte, se dedicó a crear comunidades cristianas entre los gentiles, donde Cristo no era conocido, dejando como legado la fundación de las grandes comunidades de Europa central.

La tradición recuerda diversos momentos en que se encuentran: la primera vez fue a los tres años de la conversión de Pablo cuando fue a Jerusalén a hacer una visita de cortesía y comunión a Pedro que duró dos semanas (Gál 1,18), a los 14 años de nuevo va Pablo a Jerusalén para discernir junto a Pedro, Juan y Santiago sus puntos de vista sobre la evangelización de los gentiles, puntos de vista que fueron aceptados por Pedro, reconociendo mutuamente la tarea que cada uno había recibido del Señor (Gál 2,1-10). Más adelante, Pablo, que desea vivir en comunión con Pedro, no tiene inconveniente en reprenderle por su comportamiento poco claro con los gentiles en Antioquía (Gál 2,11-14). Finalmente coinciden en Roma, lugar del martirio de ambos. Dos misiones diferentes, pero en comunión y con un mismo final y que revelan la libertad del Señor Jesús por su Espíritu en el gobierno de la Iglesia de todos los tiempos: por una parte, crea el grupo de los Doce con Pedro como fundamento de su Iglesia, por otra, junto a ellos y en comunión con ellos llama a personas singulares al servicio de la misma Iglesia. Jesús actúa por medio de la institución creada por él y por medio de personas y grupos carismáticos que también llama y capacita para la misma misión. Ambos están llamados a vivir en comunión al servicio del mismo Señor y de la misma misión.

       

El obispo de Roma, el Papa, es sucesor de ambos apóstoles. Sus carismas permanecen en la Iglesia. En la Eucaristía damos gracias por estos carismas del obispo de Roma, pedimos por él – oraciones que tanto pide el papa Francisco - y nos comprometemos a vivir en comunión con él.

Primera lectura: Hch 12,1-11: Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Salmo responsorial: Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9: El Señor me libró de todas mis ansias.

Segunda lectura: 2Tm 4,6-8.17-18: Ahora me aguarda la corona merecida.

Evangelio: Mt 16,13-19: Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

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