la creación entera está gimiendo

La 1ª lectura, el salmo responsorial y el evangelio subrayan el dinamismo de la palabra de Dios que ilumina la vida del creyente y alimenta su compromiso cristiano. En la 2ª lectura, esta palabra llama la atención sobre una faceta concreta, el plan de Dios sobre la creación al que hay que prestar hoy una atención especial. Se trata de la ecología o cuidado de la creación.

Dios ha creado el mundo y lo ha puesto al servicio del hombre como medio para que le ayude a realizar su vocación humana ahora y en las futuras generaciones. Correlativamente la humanidad tiene la obligación de someterlo y desarrollarlo para que ese servicio sea cada vez mejor y llegue a todos, no solo a unos cuantos. Así la creación realizará la finalidad para la que ha sido creada. Negativamente esta obligación implica la prohibición de destruirla. La 2ª lectura con una figura retórica presenta la creación como una mujer que está gritando, protestando porque el hombre pecador la somete a la vanidad, algo vacío, es decir, la pone al servicio del pecado y con ello a una finalidad que no es lo suya. Nosotros también expresamos la misma idea cuando vemos una gran injusticia y decimos que “esto clama al cielo”. San Pablo expone el tema desde un punto de vista positivo, pues si el mal uso de la creación proviene del hombre pecador, el hombre ya ha sido justificado por la muerte y resurrección de Jesús y ya puede ser instrumento de liberación de la creación, empleando todas las cosas de acuerdo con el plan de Dios (por ello los dolores de la mujer se presentan como dolores de parto que anuncian un mundo nuevo). Como consecuencia se afirma que « la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios» porque entonces la humanidad plenamente redimida la liberará de toda vanidad.

El papa Francisco en su última exhortación Evangelii Gaudium llama la atención sobre la necesidad de que los cristianos tengamos una viva conciencia ecológica en defensa de la naturaleza. « Hay otros seres frágiles e indefensos, que muchas veces quedan a merced de los intereses económicos o de un uso indiscriminado. Me refiero al conjunto de la creación. Los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las demás criaturas. Por nuestra realidad corpórea, Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación. No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte que afecten nuestra vida y la de las futuras generaciones.» (215). Contaminación atmosférica, tala indiscriminada de árboles con la consiguiente desertificación de terrenos, destrucción de especies y relativización de la vida (aborto y eutanasia), manejo negativo de residuos tóxicos, desperdicio de alimentos ... son variados los casos que se nos presentan a todos a lo largo del día en los que nuestra fe cristiana nos exige ser más consecuentes.

En cada eucaristía Dios nos habla e ilumina nuestra vida de hijos de Dios. En ella damos gracias por estas luces y pedimos fuerza para responder adecuadamente.

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Isaías 55,10-11: La lluvia hace germinar la tierra

Salmo responsorial: Salmo 64: La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 8,18-23: La creación expectante está esperando la plena manifestación de los hijos de Dios

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13,1-23: Salió el sembrador a sembrar.

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