Alegría por el don recibido

La alegría es consustancial con la fe cristiana, como subrayan las dos pequeñas parábolas del Evangelio y hace poco ha comentado ampliamente el papa Francisco en la Exhortación apostólica postsinodal Evangelii Gaudium. Si evangelizar es anunciar una alegre noticia, la señal más clara de que una persona ha aceptado ese mensaje es la alegría. Lo muestra muy bien Lucas cuando en Hch 8,4 dice que Felipe anunciaba en una ciudad de Samaría la Buena Noticia y termina el breve relato diciendo que se llenó de alegría aquella ciudad (Hch 8,8).

Jesús pronunció ambas parábolas con dos finalidades, primera para hacer ver que el móvil de la conducta cristiana tiene que ser la alegría, pues es ésta el móvil natural que mueve a los humanos. La verdad, lo bueno y lo bello son los móviles naturales de toda voluntad. El problema que plantea esto es que desgraciadamente no todos ven a Jesús, su obra y a la Iglesia de esta forma, debido a prejuicios y falta de formación.

La segunda para animar al discípulo a vivir su fe en un ambiente negativo de incredulidad. Aunque todos abandonen la fe cristiana y sus exigencias, yo sigo, convencido como estoy de que se trata de un tesoro, que justifica sobradamente que se trabaje por él.

Todo esto implica la necesidad de estar evangelizados, conociendo y gustando todos los aspectos positivos de la fe cristiana con alegría. Es un gran problema de la Iglesia en este momento. Toda la Evangelii Gaudium se mueve en esta dirección e invita a convertirse a la misión, es decir, a subrayar todo aquello que ayuda a conocer y vivir la fe cristiana y a abandonar y eliminar todo aquello que la afea o incluso la contradice.

La segunda lectura presenta una faceta importante de nuestra alegre noticia: toda nuestra vida está “positivamente programada” por Dios. Él fue el primero que pensó y conoció a cada uno de nosotros y lo hizo con amor. Nadie le obligó. Lo hizo libremente y por amor y, como todo su amor se concentra en su Hijo, nos pensó y creó para compartiéramos la filiación, la felicidad y la gloria de su Hijo. Para ello cuando hemos nacido nos ha dado el don de la fe, por el bautismo nos ha unido a Jesús, y está dispuesto a consumar su obra haciéndonos compartir la gloria de Jesús. Por ello ahora hace cooperar todas las cosas que nos suceden, positivas y negativas, para el bien de los que nos sentimos amados por Dios. Tiene sentido la vida en el seguimiento de Jesús.

A este respecto la primera lectura subraya un aspecto importante para nuestra tarea de seguimiento, recordando la petición que hizo Salomón, pidiendo a Dios sabiduría para gobernar. Debemos pedir a Dios sabiduría para conocer con alegría y llevar a cabo en cada momento lo que nos exige el seguimiento de Jesús, pues ello es nuestra vocación.

La Eucaristía de cada domingo es motivo de alegría, por una parte, por la celebración de los grandes valores que hemos recibido, y, por otra, porque la celebración comunitaria nos fortalece para la vivencia tantas veces solitaria de la fe.

Primera lectura:   Lectura del libro 1 Reyes 3,5.7-12: Pediste discernimiento

Salmo responsorial: Salmo 118,57.72.76-77.127-128.129-130: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 8,28-30: Nos predestinó a ser imagen de su Hijo

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13,44-52: Es tanta la alegría que vende todo cuanto tiene...

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