no temer, gentes de poca fe

         El evangelio presenta a Jesús regañando a Pedro por su falta de fe. Jesús anda sobre las aguas, una acción que presenta el AT como propia de Dios con la que Jesús sugiere su pertenencia al mundo divino, realidad que al final reconocen los discípulos confesando que en verdad es hijo de Dios. Pedro le pide participar de esta prerrogativa y Jesús se la concede, pero, “al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Sálvame Señor”. Y Jesús le regaña por su falta de fe. Pedro puede andar sobre el agua apoyado en la palabra de Jesús, que le capacita para participar cualidades divinas, pero esto exige una fe plena en su palabra. Por ello el reproche de Jesús: “hombre de poca fe”, que cree en Jesús, pero se asusta ante la fuerza del viento.

S. Mateo hace una lectura simbólica del hecho a la luz de la resurrección, en que Jesús ha prometido estar siempre dinámicamente presente con sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo” (Mt 28,20). Esta promesa exige a los cristianos una fe fuerte, especialmente en los momentos de dificultad en que sopla el viento fuerte y da la impresión de que todo se viene abajo. Por ello ante todos los problemas se nos exige afrontarlos con fe fuerte en la presencia del Resucitado. El cristiano no puede ser pesimista, debe ser realista y capaz de ver las cosas como están para buscar las soluciones adecuadas, y siempre optimista por la fe en la resurrección. Dios es especialista en hacer de la muerte camino de resurrección.

Uno de los problemas que ha preocupado a la Iglesia desde sus comienzos es el de la incredulidad judía. ¿Cómo es posible que el pueblo judío, destinatario de las promesas de Dios y que espera un Mesías salvador, a la hora de la verdad lo rechace? Se explicaría que lo hiciera una minoría y que la mayoría lo aceptarse, pero sucedió al contrario. ¿No estarán ellos, conocedores de las Escrituras en la verdad, y nosotros en el engaño? Los discípulos de Jesús estamos en la verdad, Jesús es el verdadero mesías y salvador enviado por Dios. La incredulidad judía se basa en no aceptar un mesías en la línea del siervo de Dios, humilde, como le gusta manifestarse a Dios (1ª lectura), que murió crucificado y no respondía a sus expectativas nacionalistas. Pero esto no significa que Dios haya perdido las riendas de la Historia de la salvación. Dios respeta la libertad del pueblo judío y al final también reconocerá a Jesús.

S Pablo nos ofrece una reflexión sobre nuestra postura ante este hecho en la carta a los Romanos 9-11, cuyo comienzo se lee hoy en la 2ª lectura y el final el próximo domingo. Hoy hemos escuchado cómo se duele por esta situación y recuerda los privilegios del pueblo judío, que a pesar de su incredulidad, sigue siendo pueblo de Dios y siguen siendo válidas las promesas de Dios, que siempre es fiel. Por eso son “nuestros hermanos mayores”, como gustaba nombrarlos san Juan Pablo II, que comparten con nosotros gran parte del tesoro de nuestra fe. Ante su incredulidad no debemos despreciarlos sino aprender la necesidad de una fe humilde para aceptar los caminos de Dios como él los ofrece, sin poner condiciones. Desgraciadamente a lo largo de la historia se han dado posturas contra el pueblo judío que no responden al espíritu cristiano, calumniándolo, persiguiéndolo, desterrándolo, asesinando. No son pueblo deicida, pues de la acción de Jesús solo fue responsable una minoría de aquella época, no todo el pueblo de entonces ni todas las generaciones. Hoy se nos invita a colaborar con ellos en todas las exigencias de nuestra fe común a favor de un mundo mejor y a luchar contra todo tipo de antisemitismo. En estos días tiene lugar en la Franja de Gaza una guerra entre los palestinos de Hamás y el Estado judío, causa de condenas por la actuación del ejército de Israel. En este caso hay que saber distinguir pueblo judío y Estado de Israel. Aunque en el Estado de Israel habita casi la mitad de la población mundial judía, la otra mitad no pertenece a este Estado. Por otra parte, una cosa es el Estado de Israel y otra la política concreta del gobierno actual con la que se puede estar en total desacuerdo. Una persona puede ser buen ciudadano de su nación, aunque no esté de acuerdo con la política de su gobierno.

La Eucaristía celebra el amor universal de Dios, que perdona a todos, quiere la salvación de todos y dirige la Historia de la salvación. En ella Jesús manifiesta de una manera especial su presencia activa entre sus discípulos y alimenta su fe y amor universal.

Primera lectura: Lectura del libro 1 Reyes 19,9b.11-13ª: Ponte de pie en el monte ante el Señor

Salmo responsorial: Salmo 84,9-14: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14,22-34: Mándame ir a ti andando sobre el agua... Hombre de poca fe, ¿Por qué has dudado?

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