cruz gloriosa

         La Iglesia celebra solemnemente la cruz gloriosa de Jesús el Viernes Santo. Esta nueva celebración tiene su origen en la dedicación de la basílica que se levantó en Jerusalén para mostrar al pueblo la cruz del Redentor. En este contexto del comienzo del año real (el oficial comienza el 1 de enero) nos recuerda a todos los cristianos la importancia de la cruz gloriosa en la vida cristiana.

         La Iglesia no es masoquista, celebrando el dolor por el dolor. Si celebra la pasión y muerte de Jesús, es por lo que significa: como recuerda el Evangelio de hoy, expresa el amor del Padre que entrega a su Hijo; igualmente expresa el amor del Hijo que se entrega por nosotros.

         Por otra parte, celebramos la muerte de Jesús desde la certeza de su resurrección. El Jesús doliente que recordamos, hoy día es el Jesús glorioso que ha recibido el nombre sobre todo nombre, el Señor, que está sentado a la derecha del Padre intercediendo por nosotros. La 2ª lectura recuerda el himno de Filipenses, un himno de la Iglesia primitiva que manifiesta la hondura de su conocimiento de Jesús. Pudo habernos redimido tomando una naturaleza humana glorificada desde el primer momento, pero optó por una naturaleza como la nuestra, viviendo todas nuestras limitaciones, incluso la muerte, menos el pecado. Si Adán pecó queriendo hacerse igual a Dios con la desobediencia, él obedeció haciendo la voluntad del Padre, aunque eso le costara la muerte en cruz. Pero esta vida en la humildad y el amor le condujo a la resurrección y al señorío universal. Es el verdadero camino que realiza personalmente.

         A comienzos de curso la fiesta de la cruz gloriosa nos muestra el camino que hemos de seguir, el camino del servicio humilde y por amor, que es el que realiza. Es un camino que hemos de recorrer en nuestra vida personal, familiar, profesional, social. En todas estas facetas se encuentra la cruz, pero asumida con amor se convierte en cruz gloriosa, que nos llevará a compartir el señorío de Jesús. Estar bautizado significa estar incorporado a la muerte de Jesús, compartiéndola ahora para poder compartir más adelante su resurrección. Esto se concreta en la vida diaria en los sufrimientos anejos a nuestra condición humana que rehúye dificultades y complicaciones, por una parte, y en asumir las persecuciones provenientes del trabajo por los demás, por otra.

         Por otro lado, la cruz de Jesús nos recuerda que él, cabeza de su Iglesia, no sufre ahora personalmente, pero sufre en sus miembros. Por eso pide que lo socorramos ayudando y complicándonos la vida por sus hermanos, esa multitud de personas que pasan hambre, que sufren esclavitud, que sufren enfermedad, que están en la prisión perseguidos por su fe... Es la manera correcta que tenemos de compartir su cruz gloriosa.

Primera lectura: Núm 21,4-8: Los mordidos quedaron sanos al mirarla

Salmo responsorial: Salmo 77: No olvidéis las acciones del Señor.

Segunda lectura: Flp 2,6-11: Se despojó de su rango. Por eso Dios lo exaltó

Evangelio: Jn 3,13-17: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo            

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