valorar el don de la fe

 

La 2ª lectura recoge un texto de la carta a los Filipenses en que Pablo informa a la comunidad sobre su situación en la cárcel, sobre la que todavía no sabe si lo matarán o dejarán con vida. Una cosa tiene clara. Que todo lo que le suceda redundará en la mayor gloria de Cristo, sea que viva, sea que muera, pues para él la vida es Cristo y en ese contexto el morir una ganancia pues le permitirá gozar plenamente con Cristo. Cuando Cristo es el primer valor de la vida, todo queda relativizado, hasta la misma vida. Lo único que importa es corresponder al “nos amó y se entregó por nosotros” (Ef 5,2).

 

La parábola del Evangelio pone de relieve otra postura totalmente distinta, tipificada en los trabajadores de la primera hora, que tienen una visión mercantilista de los dones de Dios y no valoran los dones de Dios, especialmente el don de la fe. En su contexto histórico la parábola del Evangelio es un texto antifariseo, dirigido a personas que ya están trabajando en la viña de la salvación, pero que han olvidado de que todo se debe a la misericordia de Dios padre que los ha llamado gratuitamente a trabajar. La fe es un don de Dios, que no sólo concede el perdón y una vida nueva, sino también la capacidad de hacer obras buenas (Ef 2,10). Opinan que con sus obras buenas “están comprando” la salvación y que “están ganando más” que los que trabajan menos que ellos. Por ello los “cumplidores” fariseos están molestos con Jesús porque come con publicanos y pecadores y les ofrece la salvación, igual que a ellos, pues la llegada del Reino de Dios exige la conversión de todos. Jesús quiere hacerles ver que todo lo que hacen bueno es una gracia de Dios, que tienen que agradecer con un corazón amplio, que desee que todos los demás puedan compartir la gracia que ellos han recibido.

 

Para entender la parábola hay que situarse en el contexto sociológico de la época: un propietario sale a buscar trabajadores y elige libremente a los que quiere. Ya la misma elección tiene carácter de favor. Como el propietario era “bueno”, quería que todos los habitantes del poblado trabajaran y por ello a diferentes horas del día continúa llamando y enviando a su viña, y al final, “comenzando por los últimos” a todos da un denario. A los llamados a primera hora (mundo fariseo) se les dio también un denario, lo que se les ofreció, por lo que propietario fue justo con ellos; pero ellos no valoraron el trabajo realizado como don de Dios sino como fruto de su esfuerzo y mérito y por eso con lógicahumana pensaban que recibirían más. Sin embargo la lógica divina, inspirada en el amor, supera la lógica humana; lo que debería ser motivo de alegría es para el fariseo motivo de envidia, “pesar por el bien del prójimo”.

 

Todo es fruto de la misericordia infinita de Dios, cuyos planes con frecuencia nos desbordan. Todos están inspirados en el amor y ordenados a la salvación de toda la humanidad (1ª lectura). No sólo tienen en cuenta a los que ya están en camino de salvación, sino que abarcan a toda la humanidad, invitando constantemente de múltiples maneras por medio de su Espíritu a los que aún no se han puesto en camino.

 

         La parábola invita al cristiano de hoy a la alegría por todos los dones recibidos, todo es don de Dios. Si ha tenido la suerte de estar trabajando en la viña desde la primera hora, debe considerarse bienaventurado, porque el Señor lo ha elegido desde el comienzo y ha tenido la suerte de experimentar que Cristo es su vida (2ª lectura) y vivir una vida con sentido, acompañado de múltiples gracias y ayudas en la Iglesia. Por eso debe desear que su situación se extienda a todos, incluso a las “prostitutas y los publicanos” de nuestro tiempo, que caminan por el camino ancho y se ríen del camino estrecho del que ha sido llamado. Hoy día no es rara la postura de rechazo ante los conversos, que se quieren igualar a los de “toda la vida” e incluso les quieren dar lecciones…

La Eucaristía es invitación universal al banquete que nos prepara el Padre. Hay que agradecer estar entre los reunidos y verlo como una gracia de Dios, y pedir al Padre que sean cada vez más los que se reúnen.

 

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Isaías 55,6-9: Mis planes no son vuestros planes

Salmo responsorial:Salmo 144: Cerca está el Señor de los que lo invocan

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Filipenses 1,20c.24.27a: Para mí la vida es Cristo

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20,1-16: ¿Vas a tener tu envidia porque yo soy bueno?

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