La eucaristía, sacramento de unidad

 

        La liturgia de la palabra está al servicio de la liturgia sacrificial y tiene como finalidad iluminar el misterio que se está celebrando en la Eucaristía. Hoy en concreto recuerda que la Eucaristía es sacramento de la unidad, la supone y la alimenta (1ª lectura) y que esto es una faceta de la voluntad de Dios, que hay que tomar en serio (1ª lectura y Evangelio).

         La unidad es un aspecto esencial de la vida cristiana. Si Dios es amor y plena comunión de las tres divinas personas, el cristiano participa esta comunión con Dios y con todos los que están unidos a Dios. Está en su ADN: Que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado (17,22). Por ello es una contradicción y un contrasigno la división entre cristianos, pues es vivir contra la propia naturaleza.

         Sin embargo la división es una realidad que en mayor o menor grado se da con frecuencia entre los cristianos. San Pablo en la 2ª lectura exhorta con todas sus fuerzas a vivir unidos en la comunidad cristiana, denunciando las causas de la división e indicando el modelo a seguir para superarlas. Señala como causas de división la rivalidad, el orgullo, la vanidad, el egoísmo que impulsa a convertirse uno en centro de la comunidad. La comunidad cristiana es una prolongación de Cristo muerto y resucitado y tiene como finalidad vivir en comunión y manifestar esta comunión en la ayuda mutua en el camino que tenemos que recorrer juntos. Por ello está fuera de lugar utilizarla como plataforma de la propia vanidad, como lugar de presumir o de dominar a los demás. Esto la destruye, pues la convierte en un nido de víboras. La comunidad tiene como finalidad importante ayudar y por ello el más necesitado de ayuda es el más importante. Esto es lo que quiere decir san Pablo cuando nos dice que tenemos que considerar al otro como superior a nosotros, en cuanto que es objeto de nuestros cuidados. Nuestra consigna es buscar el interés de los demás.

Pablo nos pone como ejemplo a Cristo, citando un himno de los primeros cristianos que manifiesta la hondura de su conocimiento de Jesús. A la hora de la encarnación, el Hijo de Dios eligió el modo mejor para la humanidad, no el más sencillo y glorioso para él. Por ello tomó una condición humana débil como la nuestra y vivió una existencia humana débil como la nuestra, menos el pecado, pasando así por uno de tantos. Pero esta opción lo realizó, pues el Padre lo exaltó y le dio el señorío sobre todas las cosas. Nos muestra así que el camino para realizarse no es el orgullo que divide sino el servicio humilde a los demás.

         Unidad no es uniformidad en la forma de pensar y de actuar, pues la vida cristiana es pluriforme dentro de una unidad básica, que proclamamos en el credo. Es unidad en la fe que profesamos y unidad en una vida consagrada al amor y servicio de los demás que puede realizarse de variadas formas, caminando todos hacia la misma meta.

         La 1ª lectura y el Evangelio nos recuerdan que la unidad es una faceta de la voluntad de Dios que hemos de tomarnos en serio, pues nuestra vida está sometida al juicio del Señor.

La Eucaristía es sacramento de unidad, que la supone y la alimenta. Y es fundamental. Después de la consagración, en la segunda epíclesis o invocación al Espíritu Santo, se pide la unidad de todos los oferentes como condición necesaria para que el Espíritu Santo una nuestra oblación a la de Jesucristo. Una persona o una comunidad dividida no tienen acceso al sacrificio de Cristo.

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Ezequiel 18,25-28: Cuando el malvado se convierta de su maldad, salvará su vida.

Salmo responsorial: Salmo 24: Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Segunda lectura:Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,1-11: Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21,28-32: Recapacitó y fue.

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