ciudadanos del cielo y de la tierra

Las palabras de Jesús: Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es de César resuenan ahora en el contexto de la celebración de la Eucaristía, en que el Padre nos entrega sacramentalmente a Jesús y éste nos invita a unirnos a él y entregarnos al Padre, dando a Dios lo que es de Dios.

El texto no contrapone Estado e Iglesia (ésta no aparece en este contexto), sino Dios y Estado. Todo es de Dios creador, incluso el Estado, querido por Dios en función del bien común de las personas que deben organizarse para ello (cf. Rom 13,1-7). El resultado de esta organización es el Estado. Por eso todos los hombres y todas las instituciones humanas han de devolver (el significado propio del verbo usado en el texto original griego apodídomi es devolver) a Dios creador lo que es de Dios, es decir, todo lo recibido de él y querido por él, la vida, los bienes, el Estado... Esto quiere decir que el Estado no es una instancia absoluta que determina el bien común por sí mismo, pues está sometido a Dios, que en este caso manifiesta su voluntad no por la revelación positiva, es decir, por los contenidos de la revelación judeo-cristiana, sino por un medio al alcance de todos los pueblos, la ley natural inscrita en el corazón de los hombres. No basta por ello la simple mayoría de votos para decidir lo que es bueno o malo, el llamado positivismo jurídico hoy en boga, hay que buscar siempre y acomodarse a los grandes valores humanos: el bien, la vida, la justicia, el bien común... Como dijo Benedicto XVI ante el parlamento alemán: ”El cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado... En cambio se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes de derecho, se ha referido a la armonía entre la razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas están fundadas en la Razón creadora de Dios”. Cuando se le pide a un gobierno que defienda la vida, no es imponerle la moral de la Iglesia sino recordarle la ley natural, pues el no matar es anterior la Iglesia.

         ¿Y la Iglesia y el Estado? La Iglesia, por una parte, no se identifica con Dios, cuya acción salvadora traspasa las fronteras de la Iglesia, como recuerda la 1ª lectura, que presenta al emperador persa Ciro como un enviado por Dios. La Iglesia es depositaria privilegiada de la revelación positiva de Dios y, en cuanto que ésta ayuda a conocer mejor la ley natural, ha de procurar que esta revelación impregne todas las relaciones sociales; por otra, como está compuesta de ciudadanos, estos en cuanto tales están obligados al bien común de la sociedad y a cooperar positivamente con el Estado. Esta cooperación forma parte de su sacrificio espiritual, puesto que es una forma concreta de amor.

En la 2ª lectura san Pablo nos recuerda nuestra situación en otra dimensión que vivimos los ciudadanos, somos ciudadanos del cielo, pues hemos sido elegidos por Dios que nos ha dado el don de la fe, la esperanza y la caridad, las tres virtudes básicas que llamamos teologales, porque nos unen especialmente a Dios. Constituyen lo que podemos llamar la radiografía o armazón básico del cristiano: la fe es entrega total a Dios, la respuesta que Jesús nos recuerda: devolved a Dios lo que es de Dios, todo, la vida, los bienes, el futuro. El creyente entrega su inteligencia a Dios y acepta todo lo que él ha revelado, entrega su voluntad y confianza y se fía de él en todo momento. La esperanza le ayuda a vivir de cara al cumplimiento de las promesas que nos ha hecho el Padre, plena felicidad con él, relativizando los bienes terrenos. Finalmente el amor nos capacita para vivir en la misma atmósfera de Dios, que es el amor. Es interesante que san Pablo determina cada una de estas virtudes con una característica: actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza, es decir, la fe se traduce en obras que la manifiestan, el amor se manifiesta en complicarse la vida por Dios y los demás, y la esperanza en la capacidad de aguante en las dificultades. Esta doble ciudadanía no tiene que dividirnos, pues en la práctica se viven unidas, pues somos ciudadanos del cielo en cuanto vivimos con fe, esperanza y caridad las obligaciones de ciudadanos del Estado al que pertenecemos.

Una de las facetas de la actividad de nuestra fe es el compromiso de compartirla. La fe es un regalo que hemos recibido y que hemos de devolver compartiéndola con los demás, de acuerdo con la voluntad de Jesús. Hoy la Iglesia recuerda a todos nuestros hermanos que han consagrado totalmente su vida a esta tarea y nos pide nuestra solidaridad con nuestra oración y ayuda económica.

En la Eucaristía, por una parte, la Iglesia pide por todos los gobernantes para que Dios los ilumine y fortalezca en su tarea de buscar el bien común del pueblo, y, por otra, los cristianos devuelven al Padre por medio de Jesucristo su vida como ciudadanos a modo de ofrenda espiritual.

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Isaías 45,1-4-6: Llevo de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones

Salmo responsorial:Salmo 95,1.3.4-5.7-8.9-10ac: Aclamad la gloria y el poder del Señor

Segunda lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1,1-5b: Recordamos vuestra fe, esperanza y caridad

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22,15-21: Devolved al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Pin It

BANNER02

728x90