Ciudadanos del Cielo

Hoy la Iglesia invita a celebrar a la Iglesia triunfante, a la que estamos destinados, meta a la que vamos peregrinando todos los miembros de la Iglesia peregrina y da sentido a los esfuerzos de nuestra vida.

Es frecuente en nuestros días calificar los movimientos como conservadores o como progresistas. La Iglesia peregrina no separa, es conservadora y progresista a la vez, porque sabe de dónde viene y a dónde va. Por una parte, sabemos de dónde venimos, de la vocación que nos ha hecho Dios Padre por medio de Jesucristo. Esta llamada nos ha puesto en camino y nos ha indicado la meta y cómo caminar para llegar a ella. Todo esto lo hemos recibido y hemos de conservarlo. Las tres lecturas de hoy hablan de cómo caminar en el presente para llegar al futuro. Es el camino que han recorrido los que han llegado a la meta, cuya fiesta celebramos.

Por otra parte, la Iglesia es progresista porque avanza hacia una meta prometida por Dios que es la plena realización y felicidad de la persona, lo más que podemos aspirar. Hoy día se habla mucho de progresismo, pero sin especificar hacia dónde. Progresar es avanzar, pero no es lo mismo avanzar hacia la propia destrucción o hacia la propia realización. Cuando el hombre avanza en la línea de pecar contra la ley natural, es progresista ciertamente, pero engañoso, porque camina hacia su destrucción. Es el camino que sigue el que absolutiza el placer, el tener, el dominar, y todo esto a costa de no respetar la vida, la verdad, la justicia.

Los cristianos somos progresista y hemos de  ser muy conscientes de nuestra meta, que confesamos en el credo cuando decimos: creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Es lo que ni el ojo vio ni el oído oyó, lo que Dios tiene preparado a los que lo aman. Un mundo en que toda nuestra persona será glorificada y gozaremos alegres en compañía de todas las personas que hemos amado junto a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.  

En la fiesta de hoy recordamos de una manera especial a todos nuestros hermanos que ya han llegado a esta meta, ellos son todos los santos. Unos han sido canonizados y propuestos como modelos por la Iglesia, otros, la mayoría, no lo han sido, pero todos ellos han conseguido la meta, son modelos para nosotros y ahora interceden por nosotros.

Las tres lecturas de hoy coinciden en presentar el presente y el futuro de la vida cristiana, el camino que han recorrido todos los santos y la meta que han conseguido. El presente es, en primer lugar una existencia con sentido y por ello gozosa. La primera palabra de las bienaventuranzas es una invitación a la alegría por lo que ya se tiene y por lo que se espera. Ahora se tiene un corazón nuevo capaz de vivir filial y fraternalmente.

Las bienaventuranzas, que son bimembres, presentan en el primer miembro las distintas manifestaciones de la vida filial y fraternal: corazón pobre que confía en Dios, corazón limpio que busca en todo la voluntad de Dios y se compromete con los hermanos en obras de paz y misericordia. Toda esta realidad filial hay que vivirla ahora en la oscuridad de la fe (2ª lectura) y entre dificultades y persecuciones (última bienaventuranza y 1ª lectura), pero no hay que temer, porque Dios ha sellado con su sello protector a todos sus elegidos, 124.000, es decir, todo el pueblo de Dios (el número es el resultado de multiplicar 12 [tribus del pueblo de Dios] por doce y por mil [cantidad ilimitada]).

El futuro se presenta con diferentes figuras. La 1ª lectura como una multitud inmensa de mártires que alaba a Dios por la victoria obtenida, la 2ª como un ver a Dios cara a cara, es decir, una relación íntima con él, y el Evangelio con diferentes expresiones: plenitud del Reino, es decir, Dios transforma plenamente a la persona, poseer la tierra como seguridad existencial, consuelo pleno, ver a Dios, saciarse de Dios, plenitud de la misericordia, vivir en plenitud la filiación y fraternidad.

         La Eucaristía es adelanto del futuro y alimento para llegar a él. La celebramos en edificios en que son frecuentes las imágenes y pinturas de santos, que tienen como finalidad primaria recordarnos que celebramos la Eucaristía en comunión con todos ellos, nuestros intercesores.

PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 7,2-4.9-14: Todos los marcados han logrado el triunfo final

SALMO RESPONSORIAL: Sal 23,1-2. 3ab-4.5-6: Éstos son los que buscan al Señor

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta del Apóstol san Juan 3,1-3: Veremos a Dios cara a cara

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo: 5,1-12a: Bienaventuranzas

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