EL DIFICIL CAMINO DEL SEGUIMIENTO AL SEÑOR

Los apóstoles habían seguido a Jesús  por convencimiento y seguro también que por el amor que les inspiraba y por sus palabras de esperanza. Pero  también anidaba en ellos un ansia  de poder y gloria que ese seguimiento les reportaría, cuando el Mesías, capitaneando ejércitos  de ángeles, derrotaría a los enemigos de Israel, para fundar el Reino de Dios.  Así, para ellos, si Jesús era el Mesías, como acababa de confesar Pedro, debía triunfar de todos sus adversarios, y ellos participarían de su grandiosa victoria.

Pero el Señor, va por “otros caminos”,  radicalmente opuestos: él habla del rechazo que va a sufrir por parte de las autoridades,  de un aparente fracaso, de persecución y  de muerte. Ciertamente ese otro “camino”, no es el deseado por su Padre  Dios. Dios no ama ni desea  esa cruz del sufrimiento.   Es la ruta  marcada por el rechazo de un mundo inhumano, que no resiste la bondad celestial  y busca como eliminarla.

Y Jesús se muestra hoy  decidido a subir a Jerusalén, sabiendo por  adelantado lo que sucederá: Él debe morir en la ciudad santa, como tantos profetas de Israel, porque  más intenso que el pánico que puede sentir ante esa terrible amenaza, es su empeño inconmovible de cumplir el plan del Padre. La voluntad del Padre está por encima de todo:

Como a los apóstoles, seguramente que también a muchos de nosotros nos gustaría que esto de ser seguidores de Jesús, fuese algo más fácil, como “camino de rosas”  Pero, como entonces a ellos, hoy  el Señor  nos recuerda a nosotros, con cierta insistencia para que nunca se olvide,  que  quien quiera seguirlo debe disponerse a transitar un camino  que tiene mucho de “rosas” pero a las que no le faltan “espinas” hirientes : la burla de los que no creen, la incomprensión de los nuestros, los ataques  virulentos en los medios de comunicación, el desprecio de muchos, el rechazo de la corriente social… y hasta persecución o muerte.

Y esto, porque nuestro seguimiento a Jesús tenemos que vivirlo en un mundo endiosado que no  quiere depender de Dios,  ni dejarse orientar por su Palabra,  ni admitir  que Dios sea la Verdad.

Es mundo se define como tolerante. Y ciertamente se hoy tolera todo o casi todo, aunque sea aberrante moralmente, pero la tolerancia se acaba, para muchos,  cuando alguien intenta proponer seriamente con su palabra y sus hechos el mensaje del Evangelio  

Claro que, ante esta situación,  hay también algunos cristianos  que piensan “como piensan los hombres”, es decir, que viven de acuerdo a los criterios del mundo y han olvidado  lo que decía san Pablo: “No os adaptéis a los criterios de este mundo, sino  transformaos por la renovación de la mente, para discernir y vivir de acuerdo a “lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto.”

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