EL ESPÍRITU QUE NOS DEJA EL SEÑOR

 

En el discurso de despedida, testamento de Jesús, les promete a sus discípulos que les enviará, otro “paráclito”, otro “abogado”, otro “defensor” porque el primer gran abogado nuestro ante el Padre Dios y el primer defensor ante el “enemigo” y los enemigos, ha sido él mismo Jesús, que no ha venido a como fiscal acusador, sino para interceder por nosotros y expulsar a los demonios que nos esclavizan, conociendo desde la misma realidad la debilidad humana. 

 

Pero Jesús se marcha junto al Padre y no puede ni quiere dejarnos desamparados, sin intercesor ni defensor, en las dificultades por razón de nuestra fe. Por eso envía su Espíritu Santo, que continuará en la historia la defensa de la debilidad de aquellos que, queriendo mostrar el amor aprendido del Hijo, haciendo la voluntad del Padre, son víctimas  constantes de la tentación de la eterna serpiente a la desobediencia a Dios y a  la búsqueda de una falsa libertad y divinidad. No será visible, como lo ha sido Jesús, pero inhabitará espiritualmente en los discípulos. Será el “Dulce Huésped del alma”.

 

Por eso, porque el amor de Dios es paciente  y sin pliego de condiciones, con una humanidad, que sin embargo,   ha rechazado la oferta de su amor a través del Hijo, quiere seguir dando una oportunidad perenne, manteniendo viva y perpetua esa oferta de amor a través del don de su Espíritu de amor.

 

Pero el nuevo y mismo Paráclito, no sólo viene como mediador y protector, sino también como iluminador. Jesús había dicho.”Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no camina en tinieblas”. Ahora su Espíritu mantiene encendida la luz de la vida prendida por Jesucristo y abre nuestro entendiendo y nuestra voluntad, al conocimiento, aceptación y asimilación de la Verdad revelada, en la vida, palabras y hechos del Señor, mientras estuvo acampado en medio de la humanidad. 

 

El Espíritu de Jesucristo se derrama sobre la humanidad, pero no todos reciben sus dones, porque el Espíritu es continuidad del Señor, y sólo en el ámbito del amor a él, puede uno recibir el regalo de su presencia continua en el Espíritu. Por eso el mundo no lo recibe ni lo conoce, porque no ha recibido y conocido a Jesús. Sólo los que le hicieron corro y le abrieron  brazos y corazón, le conocieron realmente y, a través de esa amistad llegaron desde el amor a la fe en sus palabras,  pueden recibir al Espíritu Paráclito, porque al desear mantenerse en comunión con Cristo vivo, también su Espíritu habita en ellos.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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