EL CAMINO HACIA LA VERDAD

Hay en el evangelio de hoy una rotunda afirmación del Señor: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Es una afirmación excluyente: porque no dice  ser un camino mas de las muchas veredas que ofrecen los líderes de la ideologías, las políticas o las economías o las religiones y sectas, ni una vedad mas entre otras que también pretenden serlo, sino el único camino para llegar al Padre, la única verdad que da la auténtica vida.

 

Se enfrentan, seguramente, estas palabras del Señor, con nuestra sociedad relativista. Porque la corriente de moda es afirmar que  no hay verdades absolutas, que no existe una verdad sobre Dios y sobre el hombre, y que cada cual puede tener su propia verdad y  que todas las religiones son iguales. Esta convicción lleva consigo un rechazo al catolicismo al que se le reprocha prepotencia e intolerancia  al afirmar que posee la verdad.

 

Los que creemos a Cristo, creemos que Él es “la verdad”, y por eso no podemos dejar de hacer con Él y como Él  nuestro Camino y de anunciar a todos los hombres de nuestro tiempo que  Cristo es “camino, verdad y vida” no porque nos creemos poseedores de la verdad, sino al revés, porque la Verdad nos ha poseído a nosotros y somos sus servidores. No podemos esconderla debajo de un celemín.

No somos prepotentes porque no se la imponemos a nadie ni intolerantes porque respetamos a los que no compartan esta convicción nuestra, pero tampoco podemos dejar de anunciarla, de ofrecerla, por si alguien quiere acogerla y gozar de nuestra esperanza y alegría. 

Por camino los judíos entendían el comportamiento de los creyentes para alcanzar la vida, basado en la Ley, dada al pueblo por Moisés.  

Pero el Señor, cuando afirma “Yo soy el camino”, no se está refiriendo sólo a que cumplamos sus mandamientos, sino también  a que aceptemos como regla de vida su propia persona. Él vivió para  revelarnos lo que es el  hombre delante de Dios y lo que es Dios para los hombres. Quien quiera saber y vivir lo que es el hombre y  Dios, debe contemplar las palabras  y los hechos de Cristo.

 

La verdad no es teoría, no es campo privado para los estudiosos o científicos, ni siquiera para los teólogos,  los que saben dar muchas explicaciones sobre Dios. La verdad del ser humano es que si sigue el camino de Jesús, es decir, si ama, alcanza la vida.

 

Y para no desvirtuar el amor, el Señor se nos ofrece como “camino” Un amor que  le llevó a entregarse a los demás,  hasta dar la vida Y en ese camino con amor hay muchas cruces, y cada uno debe coger la que está preparada para él y seguir “el camino”, porque caminar con y por Jesús, pasa por ir dejando, día a día, jirones de nuestra vida, hasta agotarla, por amor.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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