Otra vez es adviento. Una nueva oportunidad de salir al encuentro del Señor. Es un tiempo para ver cuánto de tiniebla hay en nuestro mundo, de palpar la oscuridad que nos rodea y que nos aleja de la verdadera esperanza. Y desde la palabra de Dios que hoy escuchamos, este adviento nos propone un nuevo reto: Iluminar nuestras vidas con la luz de Cristo y contagiar esa luz a los demás. Pero cambiar las tinieblas en luz no es nada fácil, requiere un entrenamiento, requiere una preparación y un tiempo. Esto es el adviento, un tiempo para caminar hacia nuestro interior, y descubrir lo que hay de oscuridad y de pecado sostenidos por la gracia.

Ya, en este primer domingo, suena de una forma especial la invitación, un tanto brusca, de San Pablo “ya es hora de despertar del sueño”. Es como si el apóstol nos quitara la manta que arropa nuestro letargo y nos pusiera frente a una nueva oportunidad de llenarnos del Señor. Por eso, la primera actitud necesaria para transformar nuestras tinieblas en luz es la de permanecer en vela, la vigilancia de la que nos habla evangelio de hoy. En él, Jesús no reprocha a aquellos individuos de la época de Noé su mala conducta o su violencia. Su única acusación consiste en decir que: “cuando menos lo esperaban…”. Es decir, estaban distraídos, incapaces de sospechar que iba a pasar algo.

Algo así nos puede pasar. No hacemos mal a nadie; todo está en regla y caemos en la rutina de la vida. Hacemos muchas cosas, pero distraídos de lo esencial. Incapaces de sospechar. Si, de sospechar que bajo la corteza superficial de las cosas hay otra realidad que descubrir. De sospechar que nuestras acciones, cuando están llenas de la unción de Dios, tiene carácter de eternidad. De sospechar que la posibilidad más importante que Dios nos ofrece es hoy. En definitiva, de sospechar que la vivida desde el Señor, puede vivirse de otra manera.

A veces vivimos esperando algo extraordinario y solo prestamos atención a aquellos acontecimientos que parecen romper la monotonía, pero ajenos a la continua visita del Señor en el diario vivir. Vigilad es la invitación de Jesús y tiene que ver con un estilo de vida y una espiritualidad que busca cada instante como momento de encuentro con Dios. Es este todo un programa para el adviento: salir de nosotros y mirar al Señor que viene, dejarnos activar por su Palabra y por su presencia en la Eucaristía, en los momentos de dolor, en las situaciones de fragilidad, en los pobres... e intentando no rebajar ni adaptar la novedad del Evangelio a la comodidad de nuestro tiempo.

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