¡ACLAMAD AL SEÑOR CADA DÍA!

 

En el Domingo de Ramos, puerta de la Semana Santa, Celebramos la vida, la exultación, la victoria anticipada del Señor Resucitado. Y, paradójicamente,  celebramos también,  la muerte, la desilusión, la derrota… pues el evangelio relata la Pasión y Muerte de Cristo, Dos realidades íntimamente encadenadas…

Lo importante de este día no son ni los ramos ni las palmas, que bendecidos, nos llevamos de recuerdo.

Cuando la religiosidad popular se tizna de ignorancia, se  pueden tergiversar los verdaderos motivos de de los signos religiosos…

El ramo o la palma, son signos de la alegría con que aclamamos a Jesús como nuestro Salvador, enviado por el buen Padre Dios

La gran pregunta para nuestra fe que debemos hacer en este día y en todos los que siguen de esta Semana Mayor es: “¿Por qué recibimos a Jesús como un rey, porque lo exhibimos en hermosos desfiles procesionales y luego, como nos recuerda el relato de la Pasión de hoy, nos olvidamos de él, transcurridos estos días?

Podemos ser  como  aquellos galileos que en Jerusalén alzaron sus ramos un domingo… y nunca más lo acompañaron, cuando hoy vivimos nuestra fe a nuestra manera; cuando vamos a misa  si tenemos tiempo, porque  no tenemos tiempo para “perderlo” gratuitamente con él; cuando volvemos la espalda a los “rostros difíciles” y sin triunfalismos, sino como “Ecce Homo” en el que él se nos manifiesta; cuando convertimos sus imágenes en verdaderos ídolos; cuando damos por supuesto que al estar bautizados ya somos cristianos aunque vivamos como si no fuéramos y además alardeamos de su supuesta amistad aunque no le busquemos cada día; cuando repetimos mucho su santo nombre pero no queremos que él no complique la vida, nos saque de nuestras comodidades y  pretenda transformarnos.

Jesús decidió enseñar y vivir de una manera arriesgada  y peligrosa, eligió el amor  por nosotros, optó  por amarnos a todos y esta resolución le llevó a una muerte violentamente cruel. Jesús, se  jugó la vida.

 

Nosotros también podemos tomar opciones cada día. Nuestras decisiones pueden acercarnos a alejarnos de Cristo. Podemos coger el ramo y la palma y aclamarlo todos los días como salvador y esperanza nuestra o podemos olvidarnos de él, a al fin y al cabo la Semana Mayor, sigue siendo sólo una semana.   

Si queremos mantener viva cercanía del Señor. Tenemos que elegir, como Él, el amor, aún intuyendo que hay un riesgo de cruz y de  muerte.

Esta Semana Santa estamos estimulados a ser actores en el drama de la Pasión de Jesucristo que es también nuestro drama; no  nos quedemos en meros ni espectadores ni extrañados turistas. Celebramos nuestra vida, nuestra muerte y nuestra resurrección.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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