Conocer el don de Dios: el Espíritu santo

Jesús es el centro de la vida cristiana, pues es el que con su vida, muerte y resurrección nos perdona los pecados, nos hace partícipes de su vida, nos hace hijo de Dios y hermanos entre nosotros, y herederos de su plenitud gloriosa junto al Padre. Así tenemos una vida con sentido, incluso en las dificultades (2ª lectura). Pero todos estos dones se hacen realidad en nosotros por medio del Espíritu Santo, el don de Dios, que Jesús nos invita a conocer mejor (Evangelio).

Hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu. Bautizar etimológicamente es igual a sumergir, zambullir. En el bautismo el Espíritu Santo nos sumerge en el mundo del amor de Dios, nos une a Jesús, haciéndonos partícipes de su vida filial y, unidos a Jesús y a todos los hermanos, nos orienta al Padre. Todo es obra del Espíritu, que se convierte en nosotros en una fuente que mana hasta la vida eterna, es decir, el Espíritu está trabajando permanentemente en nosotros, haciéndonos crecer y alimentando la vida filial y fraternal.

De esta forma la vida cristiana tiene carácter cultual, propia de verdaderos adoradores que adoran a Dios en Espíritu y verdad. Realmente lo que Dios espera de cada uno es nuestro amor, y esto lo podemos realizar porque el Espíritu  nos capacita para vivir una existencia dedicada a la verdad,  es decir, a hacer la voluntad de Dios, trabajando por el bien de los hermanos.

Jesús, como buen pedagogo, llevó a la samaritana a pasar de la sed material a la sed espiritual, haciéndola ver las ventajas del agua que él ofrece. La referencia a su situación existencial fue importante. Por su parte, la mujer supo abrirse a las palabras de Jesús sin encerrarse en sus intereses: fue con un cántaro a por agua natural y, al final, deja el cántaro y va a anunciar a Jesús.

La Eucaristía es el acto principal del pueblo cristiano, pueblo sacerdotal, en el que realiza su culto en Espíritu y verdad. En la primera epíklesis el Espíritu hace presente la ofrenda existencial de Jesús, en la segunda une a ella a todos los presentes a ella que quieran participar.

Primera lectura: Ex 17,3-7: Danos agua para beber

Salmo responsorial: Sal 94, 1-2, 6-7, 8-9: Escucharemos tu voz, Señor

Segunda lectura: Rom 5,1-2.5-8: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

Evangelio: Jn 4,5-42: ¡Si conocieras el don de Dios!

 

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