Escuchar la Palabra de Dios y vivirla

Antonio Rodríguez CarmonaAl final del Sermón de la Montaña Jesús  precisa nuestra postura ante esta doctrina, denunciando respuestas falsas (Evangelio y 1ª Lectura): no basta con oír y saber, no basta con orar, no basta con darla a conocer a los demás; todo eso es necesario, pero no sirve si no  se lleva a la práctica en la propia vida.

         Una deformación consiste en creer que basta con saber. En tiempos de Jesús los miembros de las sectas, especialmente los fariseos, que tenían amplios conocimientos sobre la Ley de Moisés y la Tradición de los Padres, miraban con desprecio al pueblo de la tierra, que ignora la Ley (Jn 7,49: Esta gente que no conoce la Ley son unos malditos). Para Jesús esta postura es propia del falso profeta y por eso apela a los hechos: Por sus frutos los conoceréis (Mt 6,16.20). Y en la escenificación del juicio final presenta como benditos los que le han servido en los pobres, aún sin conocerlo (Mt 25,37-40).   El cristiano tiene que evitar identificar vida cristiana con saberes religiosos sin más. El conocer es normalmente necesario, porque Dios ha creado al hombre racional y debe saber lo que hace y las razones por qué lo hace. Dios ha salido al encuentro de esta exigencia, pues dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (DV 2) y el hombre debe corresponder conociéndolo por los medios a su alcance y cooperando con su vida.

         La cooperación con la enseñanza tiene varias facetas: la básica es encarnarla viviéndola, otras modalidades son orar y darla a conocer. Todo junto, no se pueden separar.

         No basta con orar, es necesario obrar, haciendo la voluntad del Padre: No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos  (Mt 7,21).

         No basta dar a conocer con una vida apostólica, que no encarna lo que está enseñando y por eso no tiene calidad de testimonio: Aquel día (del juicio final) muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad. Jesús no niega  la realidad de las obras apostólicas realizadas, pero las considera “obrar la iniquidad”, porque no vive lo que predica. Naturalmente, a la luz del mismo Mateo, el discípulo nunca será un comprometido perfecto con su mensaje, pues todos somos santos y pecadores, pero sí debe ser una persona comprometida con el mensaje que se esfuerza cada día en vivirlo, evitando quedar en un profesional que vende una mercancía que no le afecta personalmente.

         Conocer, orar, compartir apostólicamente el tesoro vivido, y llevarlo a la vida es propio del hombre prudente que edifica su casa sobre roca,  es decir, que se esfuerza en construir su vida sobre la enseñanza de Jesús, que se resume en amar a Dios y al prójimo. En la respuesta ante las pruebas se manifiesta la solidez de la propia construcción.

         La celebración de la Eucaristía invita a llevar a cabo esta enseñanza. En la Liturgia de la Palabra  Dios nos instruye con sus enseñanzas, en la Sacramental respondemos orando y uniendo nuestra vida a la respuesta de Jesús con un compromiso concreto. En la comunión Jesús nos capacita para llevarlo a cabo y dar testimonio.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del libro del Deuteronomio 11,18.26-28: Mirad, os pongo delante, bendición y maldición

SALMO RESPONSARIAL: Salmo 30,2-3a. 3bc-4. 17 y 23: Sé la roca de mi refugio, Señor

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta de san Pablo a los Romanos 3,21-25a.28: El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7,21-27: Edificar sobre roca, no sobre arena

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