El testimonio cristiano

Antonio Rodríguez CarmonaEl Evangelio del día continúa y completa el mensaje de las bienaventuranzas. El que ha recibido el perdón de Dios y con alegría coopera con él obrando la misericordia y trabajando por la paz, es luz que ilumina a los hombres, especialmente a los que están en tinieblas con una vida sin sentido o sufren una necesidad (1ª lectura y salmo responsorial). El discípulo debe necesariamente ser testigo del amor de Dios. Los ejemplos empleados por Jesús muestran el carácter de esta necesidad. La luz, si es luz, alumbra; si no lo hace, es que no es luz; la sal, cuando es sal, sazona; si no lo hace, es que ha dejado de ser sal; igualmente una ciudad en el monte, en un lugar alto, es vista por los que están abajo; si no lo hace, es que no está en una altura. El carácter testimonial de la vida de un discípulo es un test para medir la calidad de su vida cristiana.

Este mismo contexto explica el tipo de testimonio que naturalmente debe dar el cristiano que vive como tal: no es el testimonio puritano del que se empeña con un  voluntarismo inútil en ser ejemplar, ocultando sus debilidades. Es el testimonio del que se siente amado por Dios, y por ello perdonado constantemente y sostenido en la perseverancia de la vida cristiana. Todo es fruto de la gracia de Dios, no del simple esfuerzo humano. San Pablo lo recuerda (2ª lectura) cuando habla de la debilidad que experimentó en su llegada a Corinto y en otro lugar  cuando resume su apostolado: Doy gracias al que me dio fuerzas, a Cristo Jesús, porque me consideró digno de su confianza, poniéndome en el ministerio, a mí, que primero fui blasfemo y perseguidor insolente; pero hallé misericordia… Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales el primero fui yo. Mas por esto alcancé misericordia, para que en mí primero mostrase Cristo Jesús toda su longanimidad, para ejemplo viviente de los que habían de creer en él para la vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén (1 Tm 1,12-17).

Dentro del plan de salvación, este tipo de vida testimonial tiene una finalidad misionera, querida por Dios y consiguientemente obligatoria para los discípulos: Que brille así vuestra luz delante de los hombres.  Si no es cristiano obrar de cara a la alabanza de los hombres (Mt 6,1), tampoco lo es ocultar la vida cristiana llevada a cabo como respuesta amorosa y gozosa a Dios. La finalidad misionera consiste en que los hombres den gloria a vuestro Padre que está en los cielos: es decir, una vida testimonial induce a pensar: si esta persona, que es como yo, puede vivir así, porque ha aceptado a Dios como padre, esto significa que yo también lo puedo hacer. Y todo redundará en mayor gloria del Dios Padre, cuya gloria está en la salvación de todos sus hijos. Realmente la fuerza de la vida ejemplar es impresionante. 

Jesús enseñó más con su vida que con su predicación. Igualmente la vida de los santos con sus altibajos. Por eso la Iglesia propone estas vidas como exégesis viviente de la palabra de Dios (Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini) y como expresión del sensus fidei cristiano.  Hoy día el testimonio es muy necesario, especialmente en países de tradición cristiana como España, en que circulan muchas caricaturas y deformaciones de la vida cristiana,  a las que sólo se sale al paso eficazmente con el testimonio personal y eclesial.  Dios no quiere las posturas vergonzantes del que oculta su condición cristiana por no ser hoy “políticamente correcto”.

La Eucaristía es celebración y presencia sacramental del que es luz del mundo y nos ha dado la luz de la vida (Jn 8,12) con su palabra, vida y sacrificio existencial. En ella experimentamos de nuevo el perdón, nos unimos a su sacrificio, que nos capacita para vivir una existencia con sentido como la suya y nos alimenta para realizar la tarea de ser  luz y sal para los hermanos.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del profeta Isaías 58,7-10: Nacerá entoces tu luz como la aurora

SALMO RESPONSARIAL: Salmo 111,4-5, 6-7, 8a y 9: El justo brilla en las tinieblas como una luz

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios  2,1-5: Os he anunciado a Cristo crucificado

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,13-16: Vosotros sois la luz del mundo.

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