SEDUCIDOS POR EL SEÑOR
 

Manuel Antonio MenchónEl Bautismo del Jordán fue  para él como su graduación,  el diploma de su título de enviado del Padre. Certificación fue redactada por el Espíritu Santo  y sellada por el amor del Padre, que le llamó su hijo querido y predilecto.

 

Sin mas títulos que esa acreditación, se retiró a Galilea, el país de los paganos, de los no creyentes,  de los judíos “no practicantes”, de los “alejados”, de los caminaban en la oscuridad de las tinieblas de la vida, sin horizonte y sin esperanzas.

 

Y allí comenzó a predicar una breve homilía, que repetía por todas las ciudades y aldeas que visitaba: "Convertíos,  porque el Reino de Dios está muy cerca".

 

La conversión que él pedía para entender primero y aceptar después entrar en la dimensión del Reino de Dios, no era  la conversión en clave negativa: sólo un arrepentimiento de pecados, o un cambio de hábitos

Él pedía una conversión de signo positivo: seguirle.  

 

Los primeros que entendieron que por ahí tenía que ir el cambio en sus vidas fueron Pedro, Andrés, Santiago y Juan.

 

Resulta interesante observar cómo la iniciativa de la llamada la tiene Jesús. No son los discípulos los que eligen al Maestro; es el Maestro quien elige y llama a sus discípulos. Y Jesús los llama en el contexto de su casa y su trabajo, donde estaban enredadas sus vidas. Les pide que dejen las redes (que se desenreden).

 

El seguimiento de Jesús debe ser incondicional y exige desprendimiento de lo que es incompatible y en la medida en que lo sea con ese seguimiento. Y los cuatro lo siguieron, se fueron detrás de él, se hicieron sus discípulos. Primero se convirtieron, cambiaron de vida, luego lo siguieron. ¿A qué? A hacerse discípulos de Jesús. A adherirse a su Persona Y después a anunciar a otros, que el Reino de Dios está cerca, que ya está actuando en el mundo, aunque a veces parezca que triunfa el reino del mal, pero que un día se manifestará plenamente.

 

Nosotros somos también llamados por esta Palabra a dar una respuesta personal y a formar parte del grupo de Jesús. Ser discípulo es dejarse encontrar, es dejarse hacer, no es conquista sino ser conquistado, es dejar los ídolos para seguir a Jesús. Porque el dejarse seducir por Jesús  significa que responder a una voz, una presencia que viene al encuentro de uno, y que es tan considerado que sólo va a entrar si es aceptado.

 

Ser subyugado para seguir a Jesús, es dejar a un lado nuestros propios planes y atrevernos a orientar nuestra vida a la luz del camino y de la misión de Jesús, siendo trabajadores y mensajeros del Reino de Dios; es comprometer, con total libertad,  nuestro futuro  con la fuerza de una decisión que necesita ser avivada cada día por la cercanía del Señor.

 

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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