El Siervo de Yahvé

Antonio Rodríguez CarmonaLas tres lecturas de esta fiesta están íntimamente relacionadas en torno al Evangelio. Éste contiene dos declaraciones que constituyen sus dos centros. La primera es de Jesús y manifiestan sus primeras palabras en el relato evangélico; en ellas explica por qué se somete al bautismo, un rito de pecadores, siendo él inocente: porque lo suyo es hacer la voluntad del Padre consignada en las Sagradas Escrituras. La segunda es de Dios Padre y en ellas presenta a Jesús como su Hijo-Siervo, el amado, su predilecto, a quien acaba de ungir como mesías enviando sobre él su Espíritu. Las palabras están dichas en tercera parte, lo que implica que están dirigidas a los presentes, en este caso a nosotros, la comunidad cristiana reunida en la celebración eucarística. La segunda lectura explica, en labios de Pedro, lo que significó la escena que tuvo lugar inmediatamente después del bautismo: fue ungido con el poder del Espíritu para realizar su misión. Finalmente la primera lectura recuerda el primer poema del Siervo de Yavé, al que aluden las palabras de Jesús y del Padre.  

Jesús ha vivido 30 año retirado en Nazaret, llevando una vida plenamente solidaria con sus paisanos. Ha oído hablar de la predicación de Juan y del bautismo que administra. Comprende que ha llegado la hora de vivir la solidaridad de otra forma, con su ministerio público. Sabe que la voluntad del Padre, consignada en los cantos del Siervo de Yahvé, es que lo realice encarnando esa figura, llevando a cabo su ministerio en la debilidad y solidaridad con los hombres.  Y decide hacerlo  comenzando con un gesto de solidaridad con los pecadores. Él no es pecador, pero es el cordero de Dios que echa sobre sí el pecado del mundo...Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!... El ha sido herido por nuestras rebeldías... Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros... Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda...(Is 53,4-7: cuarto poema del Siervo de Yahvé).  En este contexto el Padre lo unge y capacita (mesías significa Aungido@), enviándo sobre él de forma especial su Espíritu para que realice en esta línea su ministerio. Y así nos lo presenta este domingo a la comunidad cristiana, para que admiremos y agradezcamos su obra y la continuemos. Este acto de solidaridad fue el comienzo de una vida solidaria que terminó en su muerte y resurrección, y con ello el mandato misionero: Haced discípulos...bautizándolos... (Mt 28,19). Hoy recordamos el bautismo cristiano, en el que nos incorporamos a la nueva solidaridad de hijos de Dios, fruto de su vida solidaria.

 Dios todopoderoso quiere que los hombres le acepten como hijos, pero esto implica amor, y el amor exige libertad. No se puede amar por real decreto. Es la única cosa exclusiva que poseemos los hombres, nuestro amor. Dios quiere que se lo demos libremente y él nos lo potenciará y divinizará. Pero esto exige que Dios nos invite a ello, actuando entre nosotros de forma humilde, a nuestra altura, sin limitar nuestra libertad con el temor ante su magnificencia poderosa. Por eso Jesús actuó en la línea del siervo, humilde, solidario, misericordioso, compartiendo nuestras debilidades existenciales, menos el pecado, sometido al dolor, al rechazo y a la muerte.

Éste debe ser también el camino de actuación de la Iglesia, continuadora de la misión de Jesús. Siempre que lo ha abandonado, ha tenido que pagar este pecado con el rechazo de los hombres. Y y éste es el camino de actuación apostólica de todos los cristianos.

En la Eucaristía Jesús sigue actuando  en la línea del Siervo. Ofrece su palabra, su cuerpo y su sangre como poder en la debilidad, respetando la libertad humana. Si se acepta, transforma al hombre, si se le rechaza, históricamente no pasa nada. Damos gracias por esta actuación y por haber recibido sus frutos en el bautismo y pedimos continuarla.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del profeta Isaías 42,1-4: Tú eres mi siervo en quien me complazco           

SALMO RESPONSARIAL: Salmo 28,1a.2, 3ac-4, 3b y 9b-10:

SEGUNDA LECTURA: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10,34-38: Cómo Dios le ungió con Espíritu Santo y poder

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3,13-17: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. 

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