BAUTIZADOS PARA LA MISIÓN

Manuel Antonio MenchónCon este domingo cerramos los  días de las fiestas de la Navidad con una conmemoración valiosa y expresiva Jesús en el Jordán para ser bautizado por Juan.

La Navidad para algunos puede haber parecido un cuento o una película para de niños con ángeles, pastores y magos, como coprotagonistas junto a los cabezas de reparto: Jesús, María y José.  Tal vez, también haya sido un tiempo de expresar a los demás nuestros  mejores deseos de paz, amor y felicidad, que se van evaporando conforme los va calentando el sol de cada día vulgar de los 365 que quedan por delante, sin contar además, que la mayoría de la gente que con tanta ilusión comienza a vivir las fiestas navideñas, pronto expresan el deseo de que se acaben cuanto antes, cansados de los gastos y dolores de cabeza que suponen los regalos y la demás compras y  de las comidas familiares o amistosas.

Pues bien, la fiesta de hoy no devuelve, no a “la cruda realidad”, sino a la verdadera realidad de lo que es la Navidad cristiana, porque al presentarnos a Jesús siendo bautizado por Juan en el Jordán,   nos muestra, el comienzo de la vida pública y del  quehacer  de Jesús en nuestro  mundo,  que san Pedro resumiría más tarde con estas palabras:” Pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el maligno”.

Quiere esto decir que no podemos salir de la Navidad con la estampa bucólica de unos pastores llevando obsequios a la cueva de Belén o de uno exóticos Magos, adorando al Niño como a un rey, sino que el final de las fiestas es una llamada del Señor, un envío para la misión de continuar la hermosa tarea del Niño de Belén: vivir haciendo el bien y ayudando a las gentes que nos rodean a liberarse de las garras del maligno.

Si Jesús, con su Bautismo, es reconocido como el Hijo amado y  predilecto de del Padre Dios, enviado al mundo para hermosa misión de reconciliar a los hombres con Dios y entre sí, a nosotros, el día de nuestro bautismo, aunque seguramente no éramos aún conscientes, pero Dios también nos iba diciendo a cada uno: “Tú eres mi Hijo amado...” a la vez que nos enviaba al mundo a ser otros Cristos.

Por eso hoy es un buen día para tomar la decisión de rescatar el Bautismo de su concepción como una mera tradición o un acto social, e incluso como el cumplimiento ritual de un acto religioso. Tendremos que llevar al Bautismo a donde Jesús lo situó, al recibirlo él: el empuje definitivo del Espíritu Santo, para llevar a los hombres al encuentro y la amistad con Dios, para hacer un mundo de justicia, de fraternidad y de paz.  Pues nosotros, en el momento de recibir el Bautismo, el Espíritu Santo nos puso en  marcha para seguir por el sendero de la vida los pasos de Jesús de Nazaret.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

 

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