EVANGELIO: Mateo 22,1-14.  Un banquete y de un reino

La narración de hoy rezuma el sabor de la gratuidad. Es una invitación, pero que se rechaza. Se nos muestra una vez más la historia del hombre con Dios. El ambiente que la rodea es de fiesta y alegría. Jesús ha recogido la preciosa tradición profética que describía el júbilo de los tiempos mesiánicos como un magnífico y sabroso festín (Isaías 25, 6-8). Abundancia y satisfacción, fraternidad y paz son los pilares del Reino de Dios. San Mateo nos invita hoy a recibir este don y a sentirnos plenamente invitados. Nuestra respuesta debe contrastar con el desprecio que muestran los personajes de la parábola. ¡Queremos gozar del banquete!

El relato de la parábola nos sumerge en un mar de incomprensiones y sorpresas que nos desvelarán si prestamos atención un mensaje repleto de esperanza. Nos llama la atención la negativa de asistir a un banquete y además gratuito. Es toda una noticia que sin embargo no recibe la respuesta esperada. Todos tienen asuntos pendientes e incluso parece incomodarles la deferencia de contar con ellos. La única respuesta que obtiene el anfitrión es la violencia con sus allegados y el rechazo.

Frente a la actitud de aquellos desagradecidos prevalece la del Rey. No suspende el banquete. Sorprende esta reacción aún más que la de aquellos desagradecidos. Ahora la invitación no conoce fronteras y los caminos son recorridos por nuevos heraldos que invitan a todos los que se encuentran sin excepción: los pobres, los olvidados sin reparar siquiera en su condición moral.

La fiesta sólo comenzará cuando el salón esté repleto. Hasta entonces no puede cesar la invitación. Buenos y malos sin reparar en sus méritos son requeridos. El relato avanza y nos sorprende la intervención del rey. Repara en un invitado cuya vestimenta no es apropiada para la ocasión. La gratuidad exige saber responder a ella.

Han pasado muchos años del momento en que fueron pronunciadas las palabras de Jesús, pero la invitación permanece tan actual como entonces. No podemos olvidar que hemos de disfrutar de Dios y recrearnos en la maravilla de la buena noticia que es el Evangelio. Hoy recibimos muchas invitaciones, aparentemente gratuitas que buscan captar nuestra atención y nuestra vida. A veces el precio es muy caro y en ocasiones el coste demasiado elevado. Este Domingo Dios nos convoca en un festín maravilloso, preludio y vivencia del que nos espera. Acudamos con alegría y dejémonos llenar por la novedad de su presencia. Somos invitados y debemos también invitar a otros…hoy me siento feliz de invitaros también a vosotros.

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