Acoger a Jesús pequeño

Los cristianos recordamos el nacimiento de Jesús a la luz de toda su vida, especialmente de su resurrección, por la que está presente entre nosotros como salvador todos los días hasta el fin del mundo. Navidad nos invita a ser conscientes de esta presencia y a acogerla.

Durante su ministerio terreno tuvo una presencia muy limitada, en Palestina y durante unos pocos años, ahora, resucitado, está presente de muchas formas para facilitarnos la acogida: la Eucaristía, su Palabra, en nuestro corazón, en la comunidad cristiana, y especialmente en toda persona que sufre por abandono, exclusión social, hambre, maltrato... Pero antes y ahora mantiene una característica común a todas sus presencias, la pobreza y pequeñez, simbolizadas todas ellas en el niño que yace en un pesebre. Lo mismo que el sol divide el rayo de luz en diversos colores, nuestra mirada al pesebre debe desdoblarse en los varios lugares donde podemos encontrar hoy día al Resucitado, que vive pequeño y pobre entre nosotros. Y es importante que aprendamos a acogerlo en estos diversos lugares a la vez. Igual que en los vasos comunicantes el agua sube en todos los vasos a la vez y no se puede privilegiar a uno porque parezca más fácil, lo mismo sucede con la acogida de Jesús. Aparentemente parece más fácil recibirlo en la Eucaristía que en el necesitado, pero es un engaño: lo recibimos eficazmente en la Eucaristía siempre que vaya acompañada de la acogida del necesitado. Por eso Navidad es fiesta de solidaridad y nos recuerda que los necesitados necesitan nuestra acogida durante los doce meses del año. Es un engaño un acto de solidaridad en Navidad para tranquilizar la conciencia y doce meses de indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

El anuncio del nacimiento de Jesús por parte de los ángeles va acompañado de alegría. Por su parte, la sociedad actual celebra la Navidad en contexto de alegría, pero hay alegría y alegrías, unas verdaderas y otras postizas. Siendo la Navidad una fiesta familiar, la reunión familiar siempre es motivo de verdadera alegría, pero la más profunda brota del corazón que acoge realmente a Jesús y se siente salvado y acompañado por él. Es una alegría que se debe acrecentar con la contemplación de todo lo que significa que Dios se ha hecho Emmanuel, Dios-son-nosotros, con cada uno de nosotros en concreto y nunca nos dejará. María aparece hoy como la creyente contemplativa: “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. A pesar de la experiencia de un niño débil e indefenso, supo ver en él al Enviado salvador de Dios.

La celebración de la Eucaristía es una manifestación privilegiada de la presencia de Dios entre nosotros en su palabra, en el pan y el vino consagrados, en la comunidad. Esta presencia nos obliga a completarla sirviéndole en los necesitados.

PRIMERA LECTURA: Lectura del profeta Isaías 9,1-3.5-6: Un Hijo se nos ha dado

SALMO RESPONSORIAL: Sal 95,-1-2ª.2b-3. 11-12. 13: Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-14: Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2,1-14: Hoy os ha nacido un Salvador.

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