LA FAMILIA DE NAZARET

Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo A

29. 12. 13

La fiesta de la Sagrada Familia y la Navidad son fiestas tan cercanas, que apenas ha dado tiempo de que nazca el Niño para que tengan que llevárselo sus padres, huyendo del tirano Herodes.

Seguramente sería más bonito presentar hoy un cuadro idílico de la vida del hogar de Nazaret, en lugar de ese ese relato evangélico algo desconcertante, que trae a nuestra consideración un hecho familiar tan duro como el destierro, la angustia de un extranjero que busca trabajo, la incertidumbre por los seres más queridos.

Pero es así. Más que un misterio de gozo, lo que hoy leemos es un misterio de dolor... Pero el evangelio quiere dejar muy claro que desde bien temprano la persecución estuvo presente en la vida de Jesús. Aunque nos dice también cómo, en medio de tantas peripecias, dentro de la familia de Jesús reinaba la felicidad más grande

Es hermoso y alentador saber que tenemos a esta maravillosa familia –a Jesús, María y José— como tutora de nuestras propias familias. Pero no sólo nos ofrecen protección, sino que también Jesús, José y María son el prototipo y el modelo más perfecto de familia que hemos de imitar en nuestros hogares. ¡Cuánta delicadeza, afecto y comprensión reinaría entre ellos! ¡Qué trato tan afable, amoroso y atento dispensaría José a María, y Ella a él! Y, ¿cómo sería el amor y la obediencia de Jesús hacia sus padres.

Pero, desafortunadamente, no todas las familias respiran este mismo aire que reinaba en la casa de Nazaret. Ni muchos niños o personas mayores han corrido siquiera la misma suerte que la mayoría de nosotros. Por desgracia, el mundo en el que nos toca vivir padece una grave crisis familiar cada vez más común en las sociedades ricas y bien acomodadas. ¡Cuántos hogares rotos! ¡Cuántas familias destruidas! ¡Cuántos niños que no conocen lo que es el amor y la ternura de unos padres buenos o la paz y la felicidad de una familia unida! ¡Cuántos bebés que ni siquiera han conocido el calor y los brazos de una madre, porque han sido abandonados al nacer o aniquilados en el seno de su propia madre, bajo la sutileza de interrupción voluntaria del embarazo!

Se podría decir que estando en Navidad, esta fiesta no debería ser para pensar en estas cosas tan tristes. Que sería más hermoso meditar en la belleza de la Sagrada Familia o evocar hermosos recuerdos de la nuestra. Pero no podemos taparnos los ojos para no ver la realidad y para evitar sentir en nuestra conciencia el aguijón de tantas injusticias que hoy en el mundo atentan contra la familia y sus miembros. Sería un pecado gravísimo de omisión, de egoísmo y de comodidad no pensar en los demás o no tratar de hacer algo por ellas, para hacerles ver con palabras y ejemplos que vivir en familia es ser capaz desde el comienzo de la vida de descubrir que a nuestro lado hay otros que nos quieren, nos enseñan, nos confortan, nos apoyan. Otros que saben nuestras deficiencias porque nos ven todos los días y así y todo nos lo aguantan y sufren y se alegran con nosotros.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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