maría, madre del rey de la paz

 

Las lecturas de esta solemnidad aluden a las diversas y ricas facetas de la celebración: santa María, madre de Dios, comienzo del año, jornada de la paz.

 

Al terminar la octava de Navidad, la Iglesia invita a fijarse especialmente y felicitar a María, madre de Dios, por la cual se hizo presente Jesús en el mundo (segunda lectura). De aquí el nombre de esta celebración litúrgica, Santa María, madre de Dios. Es bien sabido que una mujer es madre para toda la vida, no solo en la gestación, nacimiento e infancia, sino en todas las facetas de su hijo, incluso cuando es adulto lo acompañará gozando y sufriendo con él. Así vivió María su maternidad con ese hijo especial al que consagró su vida. El Evangelio, a propósito de la visita de los pastores, alude a su mirada contemplativa sobre su hijo Dios-hombre, cuya existencia se hunde en el misterio. Ahora comparte la gloria de Jesús y, como madre de la Iglesia, vela por todos sus hijos. A ella acudimos al comienzo del año, rogando pida a su Hijo, el príncipe de la paz, la conceda a todos sus hijos y a toda la humanidad.

 

Al comienzo del año civil, la Iglesia nos bendice pidiendo a Dios nos conceda un año de paz con palabras tomadas de una bendición de Israel (primera lectura). Verdaderamente la paz es un don de Dios, que hemos de pedir con humildad y perseverancia.

 

Desde hace unos años, los papas han querido dedicar el primer día del año a la paz. Realmente a comienzos del año, todos renovamos propósitos de trabajar por mejorar nuestras vidas y en este contexto es importante que renovemos el deseo de trabajar por la paz. La paz es la síntesis de todos los bienes necesarios para la plena felicidad de la persona y del mundo. En las cartas de Pablo, todos sus deseos se resumen en gracia y paz. Esta es, por una parte, don de Dios, pero, por otra, es una tarea que tenemos que realizar. La segunda lectura recuerda una faceta del don de Dios que ya hemos recibido: somos hijos de Dios, lo que implica que todos somos hermanos. El don de la paternidad nos obliga a trabajar por vivir una fraternidad solidaria universal. Todos los hombres, por el hecho de ser creados por Dios, son hijos de Dios, pero los cristianos hemos recibido por medio de Jesús una filiación especial, que comparte por adopción la de Jesús, lo que nos obliga a corresponder de forma especial.

 

Corresponder nos obliga primero a vivir pacificados con nosotros mismos, pues no puede crear orden el que vive internamente desordenado: “¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros? ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra” (Sant 4,1-2). Obliga después a vivir la paz en la familia, integrándose cada uno de sus miembros en las tareas propias y en la tarea común de buscar la felicidad de todos, siempre abiertos a integrarse en la sociedad. Obliga finalmente a trabajar por el bien común de la sociedad, oponiéndose a todo lo negativo y cooperando positivamente en todo positivo.

 

En su mensaje de este año el papa Francisco subraya la necesidad de vivir la solidaridad, cuyo fundamento es el hecho de que tenemos un mismo Padre y que todos somos hermanos. "Una verdadera fraternidad entre hombre supone y exige una paternidad trascendente. A partir del reconocimiento de esta paternidad, se consolida la fraternidad entre los hombres, o ese hacerse 'prójimo' que cuida de los otros", Ante esto hay que desterrar la cultura de la indiferencia ante los sufrimientos de los demás, pues las palabras ¿Dónde está tu hermano? dirigidas por Dios a Caín nos interpelan a todos los hombres ante todos los sufrimientos y desórdenes que sufre la humanidad actualmente.

 

La Eucaristía celebra el don de la paz, la pedimos como don de Dios y nos une al Príncipe de la paz. Por eso nos damos un saludo de paz, que debe ser un compromiso por ella.

 

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de los Números 6,22-27: Invocarán mi Nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.

 

SALMO RESPONSORIAL: Salmo 66,2-3.5 .6. 8: El Señor tenga piedad y nos bendiga.

 

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,4-7: Dios envió a su Hijo nacido de una mujer.

 

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2,16-21: Encontraron a María y José y al Niño; al cumplirse los ocho días le pusieron por nombre Jesús.

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