El sacrificio existencial de Jesús

         San Lucas es el único evangelista que nos cuenta que María llevó al templo a Jesús y lo presentó y ofreció a Dios. Las lecturas primera y segunda ofrecen las claves para entender lo que significa este gesto de María y José. Malaquías actuó en una época en que el culto del templo de Jerusalén estaba siendo profanado por sacerdotes sin escrúpulos que ofrecían por dinero animales que no reunían las condiciones requeridas, los que no servían para otra cosa se llevaban al templo. El profeta condena este comportamiento y anuncia la venida de un nuevo sacerdote, el Santo. Un precursor le preparará el camino y él creará un sacerdocio nuevo y una ofrenda agradable a Dios.

         Este nuevo sacerdote es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Su sacrificio nuevo consistió en ofrecer, no animales ni cosas, sino toda su vida en hacer la voluntad del Padre por amor, desde la concepción hasta la muerte. La carta a los Hebreos nos recuerda unas palabras que pertenecen al misterio de la vida divina. Son las que dijo el Hijo al Padre cuando se encarnó: He aquí que vengo, Dios mío, para hacer tu voluntad (Heb 10,5). Esta ofrenda la hizo en nombre propio y en nombre de toda la humanidad a la que quería representar. La segunda lectura, por su parte, nos recuerda la lógica de la encarnación: Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el, poder de la muerte, es decir, al diablo... Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Ser pontífice, etimológicamente, “el que hace de puente” entre Dios y la humanidad exigía ser Dios, para tener acceso a Dios, y hombre verdadero, para tener acceso a los hombres.

         María, ofreciendo a Jesús, está escenificando la ofrenda que hizo Jesús en el primer momento de su existencia humana. De esta forma actúa como un anuncio de lo que será el nuevo sacerdocio existencial del pueblo de Dios, pueblo sacerdotal, cuya tarea consiste en ofrecer su propia existencia.

         Lo que hizo María fue expresión de su propia entrega a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, manifestada en su palabra. Esto explica las tres veces que en su relato Lucas alude a que ella y José actúan según la ley de Moisés... de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor... como dice la ley del Señor... No se trata de un legalismo ciego, sino de ver en la Sagrada Escritura una indicación de lo que desea el Espíritu Santo, que aparece en toda la escena como el protagonista que mueve los hilos.

         En cada Eucaristía actualizamos el sacrificio existencial de Jesús y nos unimos a él, uniendo nuestra vida a la de Jesús. Actuamos como pueblo sacerdotal, que unido a Jesús, tiene la posibilidad de llegar a Dios Padre. Para ello necesita la cooperación del sacerdocio ministerial, que capacitado por la imposición de las manos de los sucesores de los apóstoles (capacitados a su vez por Jesús), puede invocar al Espíritu Santo para que haga presente el sacrificio existencial de Jesús, al que también se une él con el resto del pueblo sacerdotal.

Primera lectura: Mal 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Salmo responsorial: Sal 23,7.8.9.10: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

Segunda lectura: Heb 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Evangelio: Lc 2,22-32: Mis ojos han visto a tu Salvador.

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