ACTUAR EN SINTONÍA CON DIOS

Parece que la venganza este acoplada hondamente en las entrañas de todo ser vivo. Y no digamos si ese ser vivo es el hombre. Tan profundamente está incrustada que parece imposible arrancarla, que se han tenido que crear leyes para, al menos, controlarla. Así nos encontramos con el viejo postulado del talión: «Ojo por ojo, diente por diente».

La ley del Talión fue un gran salto en la historia de la civilización humana. Pero pasar de esto a la propuesta del Señor de que si te dan una bofetada en una mejilla debes poner la otra para recibir de nuevo un puñetazo, resulta insólito y ridículo. A eso le llamamos nosotros «hacer el tonto». El Señor insiste, nada más y nada menos, que debemos arrancar de raíz de nuestro ánimo el deseo de venganza. ¡Como si eso fuera tan fácil…!

Si pretendemos analizar el lenguaje de Jesús con nuestros criterios racionales nos resultará extravagante lo que nos pide. Pero si aprendemos a razonar, desde la razón que nos hace semejantes a Dios, como Jesús que todo lo meditaba todo desde su propia experiencia de Hijo de Dios, entonces veremos que Dios, el buen Padre delos hombres, que nos ha creado a su imagen y semejanza y nos ha hechos, por medios de Jesús, sus hijos, ama a todos los hombres, no solo a los que sean buenos, sino también a los malvados, porque él es Bueno. Busca y desea la justicia para sus hijos, pero no es violento. No destruye a los malos, sino que busca su cambio. Así es Dios y así nos enseña a afanarnos en la tarea de hacer un mundo más humano. No introduciendo más violencia, sino buscando el cambio de las personas y la humanización de las relaciones.

La postura de Jesús nos revela claramente la voluntad de Dios: Para hacer un mundo más humano, hemos de proceder en sintonía con Dios cuyas entrañas no son violentas, sino misericordiosas. Hemos de parecernos a él, incluso al luchar contra la injusticia.

Pero el Señor es muy realista, por eso no quiere imponernos una ley, con su correspondiente castigo por incumplimiento, sino que nos ofrece un estilo de comportamiento original y sorprendente, como inusitado y increíble es el amor de su Padre Dios. Por eso se dirige a “los que le escuchan”.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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