fidelidad al evangelio

La comunidad cristiana de Corinto andaba dividida a causa de los distintos apóstoles que han pasado por ella con diversas formas de predicar y diversos contenidos en su predicación. En el fondo, les dice Pablo, están juzgando la situación con criterios humanos y no según criterios evangélicos. Los criterios humanos que emplean son la elegancia retórica mayor o menor del predicador o lo agradable o desagradable de su mensaje. Para Pablo estos criterios no tienen valor, él personalmente no habla bien desde un punto de vista retórico, pero ofrece un contenido que es oro puro con el que construye sólidamente la comunidad cristiana. Solo se gloría en la cruz de Cristo. Y todo esto porque lo importante para el enviado del Señor es ser fiel al que lo envía, dando a conocer su mensaje sin rebajas. Esta es la obligación de todos los enviados, papa, obispos, sacerdotes, diáconos, fieles cristianos, especialmente los catequistas. Nuestra obligación es conocer el mensaje de Jesús, vivirlo y darlo a conocer fielmente, sin rebajas ni concesiones al gusto de los oyentes. En estos días se están dando a conocer los resultados del cuestionario preparatorio del próximo sínodo sobre la familia, incluso algunos hacen fuerza para influir en el resultado final. Los pastores tienen obligación de estudiarlos detenidamente, pero lo decisivo a la hora de decir una palabra es la fidelidad a la palabra de Cristo que envía. Aquí no se trata de ser juzgados por la gente como “abierto o cerrado”, “progresista o conservador”, sino de ser fiel a la propia conciencia y someterse al juicio del Señor que envía. Y más de una vez esta fidelidad al juicio del Señor será causa especial de compartir su cruz.

         Hoy se nos recuerda en concreto que construir con oro y fidelidad al Señor es predicar el evangelio de la austeridad y de la confianza en la Providencia del Padre que nos ama. Los bienes son necesarios para vivir cada día, pero Dios los ha creado como medios y destinados a todos, con una hipoteca social. El cristiano no puede vivir para tener y acumular como si los bienes salvaran, ha de ganarse honradamente el pan de cada día, viviendo austeramente sin crearse necesidades artificiales, y compartiendo con los necesitados lo que no es necesario. Esto implica cultivar la confianza en la Providencia, propia del que cree en Dios Padre. Lo típico del cristiano no es creer en Dios, también lo creen los gentiles, lo típico del cristiano es creer que Dios es Padre, que conoce a cada uno, lo ama y cuida (1ª lectura y Evangelio). Por eso el cristiano ha de evitar ser gente de poca fe, que, por una parte, cree en Dios Padre y, por otra, no se fía de él. Esto no significa que no tengamos que trabajar y afrontar nuestros problemas con la solicitud necesaria, ni tampoco que no vamos a tener problemas ni dolores, sino evitar que estas tareas se conviertan en el centro agobiante de nuestra existencia, sabiendo que estamos en manos de Dios Padre que vela por nosotros y siempre tiene la última palabra. Lo fundamental para el discípulo es el Reino de Dios y la forma de colaborar en él y ha de vivir sus tareas cotidianas en este contexto. Esto a veces puede llevar a la cruz –cruz que lleva a la resurrección-, pero siempre al descanso, como dice el salmo responsorial: Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación. La contemplación de la vida de Jesús es la mejor explicación de su enseñanza sobre la Providencia.

Éste es el Jesús, cuya inquietud por hacer la voluntad del Padre, celebramos en la Eucaristía y al que nos unimos aceptando seguir su camino.

Participar la Eucaristía exige renovar la confianza en el Padre que tuvo Jesús, por un lado, y hacer un uso social de los bienes, pues es        celebración de la fraternidad cristiana.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del profeta Isaías 49,14-15: Yo no os olvidaré

SALMO RESPONSARIAL: Salmo 61,2-3, 6-7, 8-9ab: Descansa solo en Dios, alma mía

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios 4,1-5:Del administrador lo que se espera es que sea fiel.

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6,24-34: No os agobiéis, gentes de poca fe.

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