Conocernos a la luz de Cristo solidario

Cuaresma no tiene razón de ser por sí misma, es tiempo de preparación para la Pascua, la gran celebración del amor de Dios revelado en Cristo que muere y resucita. Esto de la da sentido, define su finalidad y le da carácter de alegría. Hay que afrontar la cuaresma con alegría. Hay distintos tipos de alegría, ahora se trata de la alegría del que ama su salud y se somete a un chequeo total para ver cómo anda y remediar lo negativo. Es importante, pues al final seremos examinados de amor.

La palabra de Dios ofrece pistas para ello. La primera nos recuerda que Dios nos creó y destinó a compartir su vida como hijos de una manera especial, pero por culpa del pecado original la humanidad perdió esta posibilidad. La segunda nos recuerda de nuevo este hecho, pero afirma que « Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.». Esta es nuestra situación, gracias al bautismo hemos recibido los frutos de la obediencia de Cristo y somos hijos de Dios. En Pascua vamos a agradecer esta situación, lo que también implica el esfuerzo por conocer cada vez más a Cristo y a su amor por nosotros.

Finalmente el evangelio nos invita a examinar nuestra situación de hijos de Dios, no sea que estemos caminando en vano. El relato de las tentaciones en Mateo sigue a la unción mesiánica de Jesús, en que el Padre lo unge como Siervo solidario que debe llevar la salvación a todos los hombres. Para ello recibe en su humanidad una gracia especial del Espíritu Santo. Lo primero que hace el Espíritu es llevarle al desierto para que examine, en contexto de oración y ayuno, de qué forma concreta va a realizar su ministerio solidario, llegando a la conclusión que será por un camino de total fidelidad a la voluntad del Padre, actuando siempre en sus manos providentes, excluyendo formas triunfalistas y diabólicas, como son apoyarse en el dinero, la opresión o el poder. Así comenzó un camino de servicio solidario que culminó en su muerte y resurrección.

Cuaresma es una invitación a conocer mejor el don recibido y nuestra situación de hijos de Dios. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma concreta esta invitación a examinar cómo anda nuestra solidaridad, característica propia de todo hijo de Dios, como lo fue de Jesús, que se hizo pobre para enriquecernos. Se trata de solidaridad ante un mundo donde abunda la miseria material por falta de los bienes necesarios para vivir, miseria moral por falta de valores morales (drogas, alcohol...), y miseria espiritual por desconocimiento de Dios. Un examen no solo individual sino eclesial, puesto que Cuaresma es preparación del pueblo de Dios en cuanto tal. Este examen no será posible si no se hace en contexto de oración y penitencia, como lo hizo Jesús.

La celebración de la Eucaristía invita a dar gracias al Padre por todo lo recibido: por la muerte y resurrección de Jesús, por el bautismo, por toda la vida como hijos de Dios, y, por otra parte, petición de luz para conocer nuestra situación y de ayuda para superarla. En ella nos unimos a Cristo, el que supo discernir en cada momento cuál era la voluntad del Padre sobre él.

PRIMERA LECTURA: Gen 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado original

SALMO RESPONSORIAL:Salmo 50,3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17: Misericordia, Señor, hemos pecado.

SEGUNDA LECTURA:Rom 5,12-19: Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

EVANGELIO:Mt 4,1-11: Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado.

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