CUARESMA DE LAS TENTACIONES

El tiempo de Cuaresma que comenzó esta semana con las celebraciones del Miércoles de Ceniza, tiene como telón de fondo el relato del Evangelio de hoy. Jesús, antes de comenzar los años de su vida pública, movido por el Espíritu Santo, se retira al desierto, en ayuno durante cuarenta días. La Iglesia quiere que en este tiempo de Cuaresma, antes de celebrar el misterio de la Pascua del Señor nos preparemos mediante la acción del Espíritu Santo, por la oración y la penitencia, a fin de que, purificados podamos recibir los frutos de la Redención.

Después de esos cuarenta día de desierto, en los que la naturaleza humana de Jesús se encuentra debilitada, dice el Evangelio, que se acercó el Maligno para intentar someterlo a las tres tentaciones que ordinariamente más estragos hacen en los hombres: la falta de templanza, la soberbia y la avaricia. Quiso darnos un ejemplo de fortaleza contra las intenciones, que nos ofrece el mundo, para alejarnos de Dios por uno de esos caminos: La comodidad, en lugar de la cruz; los milagros aparatosos, en lugar de una vida afanosa; la dominación política del mundo, mediante nuestras ideologías, en vez del reinado de la justicia, la paz y el amor, que es el Reinado de Dios.

El Maligno empleó toda clase de subterfugios contra Jesús, como hace con nosotros, para que encauzara su misión en provecho propio y a espaldas de la voluntad del Padre. Es como si le dijera, como nos dice a nosotros: "consiente y experimentarás felicidad"; "no resistas y serás dichoso"; "no te queda otro camino no tienes suficiente fuerza para resistir". Se trata de poner a prueba al hombre, de situarnos en estado de combate. De hecho, el Señor debió rechazar a lo largo de su vida las presiones del ambiente, e incluso a veces, la de sus discípulos, que le empujaban en una dirección contraria al plan del Padre. Es la misma tentación que promueven los judíos al final de su vida cuando, estando el Señor clavado en la cruz dicen: Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz, y creeremos.

Por experiencia todos sabemos que la tentación es un momento de riesgo en el que podemos salir victoriosos, pero también podemos ser derrotados. Se pone a prueba nuestra adhesión a Dios. Pero en sentido positivo también nos ofrece la oportunidad de manifestar el amor, es un momento de lucha, por el Dios al que amamos. El hombre tiene la oportunidad de demostrar su adhesión incondicional expresando su condición de creatura ante Dios Creador y se somete humildemente a su voluntad. Quizá ningún momento es más alto en la vida como cuando el hombre hace oídos sordos a las tentaciones y se abandona en las manos de Dios con un acto de fe, amor y esperanza sin límites. Quien vence la tentación dice a Dios: "Señor, Tú ere mi único bien" "Para mí lo bueno es estar junto a ti".

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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