peregrinos de la fe

         Hoy nos presenta la palabra de Dios a Abraham como padre de todos los creyentes, entre los que nos encontramos nosotros. Su fe crea un estilo de vida, que fue llevado a su consumación por Jesús y que compartimos nosotros. En Abraham aprendemos las características básicas de la fe. Su origen es la llamada de Dios, que invita a salir y marca una meta, que es bendición y plena realización de la persona. Negativamente implica dejar la propia tierra en que uno se encuentra instalado, positivamente caminar con ilusión hacia la meta prometida por Dios. Esto convierte al creyente en peregrino, la peregrinación será su estilo de vida (el nombre de parroquia viene del griego peregrinar (paroikéo, vivir como extranjero, residir temporalmente), parroquia es la casa de los peregrinos).

El creyente es constante caminante, viviendo lo que implica caminar, poner firmemente un pie en el suelo para facilitar que avance el otro y abandonar la posición firme para avanzar... hay que avanzar tomándose en serio las realidades de este mundo, pero sabiendo relativizarlas y dejarlas si es necesario, pues no son definitivas, especialmente si entran en colisión con la voluntad de Dios. Aparecerán paisajes deslumbrantes que invitan a detenerse e instalarse, pero hay que superar la tentación, pues entonces no se llega a la meta. Como Abraham, hay que caminar sin saber a dónde iba, pues la fe es oscura (Heb 11,8), y exige estar siempre pendiente de las indicaciones que Dios va dando por medio de su palabra. En el comienzo esta fe es básicamente volitiva, de entrega y confianza en Dios: hay un mínimo componente intelectual pues Abraham cree en la existencia de Dios y que es su amigo, pero esto le lleva a una obediencia y compromiso vital que se traduce en ponerse en camino con plena confianza en su palabra.

         El Evangelio muestra a Jesús que lleva a plenitud la actitud de ponerse en camino, viviendo una auténtica existencia humana, fiándose del Padre. El relato de la trasfiguración hay que entenderlo en su contexto. Jesús anuncia que, siguiendo el camino trazado por el Padre, tiene que llegar a la meta pasando por la pasión y muerte. Después invita a todos sus discípulos a seguir este camino en su seguimiento, un camino que implica hacer el “necio” humanamente (perder el mundo, perder la vida), pero que realmente es hacer el “sabio”, pues se consigue la verdadera vida. Y para confirmar su mensaje añade que algunos de los presentes tendrán una experiencia de su gloria futura. Efectivamente seis días más tarde, algunos de ellos, en concreto, Pedro, Santiago y Juan, tienen una experiencia de Cristo resucitado, que les satisfizo plenamente (¡Qué bien se está aquí!) completada con las palabras del Padre en que declara que Jesús es su Hijo amado, que va a realizar su tarea como su Siervo y hay que escuchar su mensaje. Es interesante el final del relato: acabada la visión, solo vieron a Jesús. Es que se trataba solo de una luz especial que ayuda a caminar en el camino, pero lo normal no es vivir entre apariciones sino caminar en la oscuridad de la fe. La segunda lectura confirma el mensaje, invitando a asumir las dificultades de la vida de fe, secundando la llamada de Dios, que nos llamó gratuitamente a una vida santa en pos de Jesús caminando para compartir su resurrección.

         En el segundo domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a agradecer nuestra condición de creyentes (la fe es una gracia de Dios) y revisar nuestra vivencia concreta que implica conocer la fe y vivirla. En la Vigilia Pascual se nos preguntará si creemos en Dios Padre, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Iglesia. Ahora es el tiempo de preparar la respuesta.

         La celebración de la Eucaristía es un momento fuerte en nuestra vida de fe. En ella Los “peregrinos” reunidos en la “parroquia”, tenemos una experiencia especial de Cristo muerto y resucitado que tiene que alimentar nuestro caminar de cada día.

PRIMERA LECTURA:Gen 12,1-14ª: Vocación de Abraham

SALMO RESPONSORIAL: Sal 32,4-5. 18-19. 20 y 22: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA:2 Tim 1,8b-10: Dios nos llama e ilumina

EVANGELIO: Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol. Este es mi Hijo, escuchadle.

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