dios es luz. vivir en la luz

Como preparación de la Pascua, el domingo pasado la palabra de Dios invitaba a conocer el don de Dios, hoy nos invita a conocernos nosotros, viviendo en la luz y desechando todo tipo de tinieblas. Es la forma concreta de agradecer el don que hemos recibido por la muerte y resurrección de Jesús. Si la luz natural y los ojos sanos son necesarios para caminar en este mundo, mucho más lo es la luz de Dios para caminar como hijos de Dios.

La segunda lectura invita a todos a despertar y acercarse a Cristo para ser iluminados por él; por su parte, el Evangelio invita a asumir la postura del ciego de nacimiento, que reconociendo suceguera, recupera la vista en el “baño del Enviado” (alusión al bautismo), y a rechazar la actitud del fariseo, que realmente está espiritualmente ciego, pero no lo reconoce y persevera en su ceguera sin recibir la luz de Cristo.

Jesús se presenta como luz que ha venido a iluminar a todos aquellos que se dejan iluminar y no se esconden a la luz. Es lógico que Jesús sea luz porque es el enviado del Padre, que es luz (1 Jn 1,5) y amor (1 Jn 4,8) que nos invita a caminar en la luz, es decir, en el amor, desechando todo tipo de tiniebla o pecado. Vivir en la luz es vivir en el amor, vivir en la tinieblas es vivir en el desamor.

En Cuaresma se nos invita de forma especial a confesar los pecados. El verbo confesar tiene un sentido especial, es reconocer sincera y públicamente ante la comunidad eclesial que no estoy correspondiendo al amor de Dios con daño para mí y para toda la comunidad, es reconocer que siento esta situación negativa, prometo salir de ella y para ello pido el perdón y la ayuda de Dios y de los hermanos ofendidos.

A veces da la impresión de que la confesión no sirve, pues se sigue igual, y es que no se prepara adecuadamente  Con el símil de una vivienda, este confesar tiene lugar en un tercer piso, al que no se puede llegar si previamente no se ha pasado por el primero y el segundo. Así elconfesar es alegre noticia y no un tormento.

El primer piso o fundamento básico es valorar el don de Dios recibido, que nos une a Cristo resucitado, nos convierte en hijos de Dios y hermanos de todos sus hijos en la Iglesia y nos ofrece una vida con sentido que culminará participando la resurrección de Jesús. El que valora el don de Dios, lo cuida y acrecienta. Es la razón de su vida.

El segundo se funda en el anterior. Cuidar el don implica conocer en contexto de oración el estado actual en que se encuentra. Hoy día se recomienda la medicina preventiva y todo el que valora su salud humana procura hacerse periódicamente un chequeo para ver cómo está. No se trata de masoquismo sino de amor a la propia vida. Nuestro chequeo como hijos de Dios es poner nuestra vida a la luz de Jesús para que ilumine nuestras tinieblas. El pecado no es un capricho de un Dios que da la vida eterna a base de prohibir cosas, sino una realidad que nos está destruyendo. En nuestro nacimiento se cortó el cordón umbilical que nos unía a nuestra madre, pero en el nacimiento como hijos de Dios este cordón umbilical no se puede cortar, es siemprenecesario. Si Dios es amor, ser hijos de Dios es tener un corazón amasado en el amorque se nutre permanentemente del amor de Dios y actúa en el amor: el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado en el bautismo (Rom 5,5). Siguiendo el símil del cordón umbilical, pecado mortal es toda acción que rompe el cordón y produce la muerte del corazón y pecado venial algo parecido al colesterol, una acción que estrecha  el cordón, reduce el paso del amor y debilita el corazón, con daño para el interesado. Para conocer nuestra situación es necesario tener buena la vista y tener luz suficiente. Debilita la vista nuestros intereses creados y criterios humanos, que se traducen en el “yo ni robo ni mato”, entendiendo robar como una acción a mano armada y matar como quitar violentamente la vida. A la luz de la palabra de Dios se roba y mata de más maneras. Por eso es necesario “renovar la mente” (Rom 12,2) con la palabra de Dios, que ofrece luz abundante para conocer nuestra situación. Ella nos dice que tenemos que amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros, meta a la que no llegamos. Por eso habla de deudas, cosas que podíamos y debíamos hacer y no hemos hecho (pecados de omisión) o cosas realizadas fuera del ámbito del amor (pecados de comisión). Al finalde la vida seremos examinados de amor. Ya conocemos la pregunta, nos va la vida en conocer nuestra situación actualcorregirla y preparar bien el examen.

Y así podemos llegar al tercer piso en queconfesamos nuestros pecados ante Dios y la comunidad en la Iglesia, que nos perdona por el sacerdote, capacitado por el Espíritu Santo para perdonar en nombre de Dios y de la comunidad.  

La participación fructuosa en la Eucaristía es también un medio para perdonar el pecado venial en la medida en que nos arrepentimos de nuestra falta de colaboración con el amor de Dios y nos unimos al sacrificio de Cristo.

PRIMERA LECTURA: Primer Libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel.

SALMO RESPONSORIAL: Sal 22,1-3a. 3b-4. 5. 6: El Señor es mi pastor, nada me falta.

SEGUNDA LECTURA: Carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,8-14: Despierta tú que duermes y Cristo será tu luz.

EVANGELIO: Evangelio de san Juan 9,1-41: Fue, se lavó y volvió con vista.

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