resucitaremos con cristo

         El último domingo de Cuaresma invita a contemplar la resurrección de Jesús, su gran obra salvadora, y nuestra participación en ella por medio del bautismo. Las diferentes lecturas ofrecen todos los elementos para esta contemplación. El Evangelio anuncia el hecho y su eficacia, las otras lecturas lo explican.

         La primera lectura nos habla del Espíritu Santo que capacita para vivir de nuevo: Os infundiré mi Espíritu y viviréis. El profeta se refiere a la vuelta del destierro que concibe como un resucitar de la muerte, porque los desterrados la creían imposible. Es imposible, pero el poder del Espíritu de Dios lo puede todo. La Iglesia vio en este texto un sentido más profundo a la luz de la obra de Cristo, es un anuncio de la resurrección por medio del Espíritu Santo.

         La segunda lectura lo explica mejor. Por el bautismo somos templos vivos del Espíritu Santo que habita en nosotros, y ¿qué hace? ¿Está quieto y pasivo? No, está uniéndonos a Cristo y configurándonos cada vez en él, lo que implica que estemos colaborando con él, pues somos libres y respeta nuestra libertad. Pero está continuamente inspirándonos buenas acciones y capacitándonos para ellas, buenos deseos, buenos pensamientos, buenas acciones. Ahora bien, la “especialidad” del Espíritu es dar vida y resucitar. Si colaboramos con su obra, al final de nuestra vida nos resucitará y hará compartir plenamente la resurrección de Jesús: Si el Espí­ritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Vale la pena colaborar, es tener una vida feliz y con sentido.

         El Evangelio lo explica mucho mejor. Jesús resucita a Lázaro como signo de su obra. Por eso, cuando le avisan de la enfermedad del amigo, no acude y deja que muera: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Su amiga Marta se lo recrimina y Jesús le replica que resucitará. Ella, como buena judía, sabe que esa resurrección tendrá lugar en el último día, pero Jesús le revela la actualidad y el modo: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. Nuestra resurrección es una gracia de Dios, fruto de la misericordia de Dios (salmo responsorial). Por la fe y el bautismo nos unimos a Jesús por medio del Espíritu Santo, ahora nos toca compartir la pasión y muerte de Jesús y el Espíritu nos capacita para ello; moriremos pero no será para siempre, porque el Espíritu nos resucitará y compartiremos eternamente la gloria de Jesús.

La Eucaristía es celebración sacramental de esta realidad. En ella el Espíritu nos capacita para agradecer al Padre por Jesús el don de la vida que nos ofrece y pedimos la fuerza del mismo Espíritu para hacerlo realidad en cada momento, creciendo constantemente en la amistad con Jesús hasta llegar a la resurrección con él.

PRIMERA LECTURA:Ez 37,12-14: Os infundiré mi Espíritu y viviréis

SALMO RESPONSORIAL: 129, 1-2, 3-4abc, 4c-6, 7-8: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

SEGUNDA LECTURA: Rom 8,8-11: El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

EVANGELIO: Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida

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