haced esto en memoria mía

La 2ª lectura narra la institución de la Eucaristía y el mandato de celebrarla como memorial. En esta celebración la Iglesia nos invita a tomar conciencia de este mandato y de sus implicaciones, pues está en el centro de la fe católica: eucaristía – amor – sacerdocio ministerial

El memorial es una institución exclusiva del judeo-cristianismo. Se trata de un recuerdo que hace dinámicamente presente la gracia de lo recordado, algo solo posible por el poder de Dios que lo ordena y promete. De esta manera la gracia dada a una generación del pasado sigue disponible para las generaciones futuras. La 1ª lectura recuerda el memorial de la primera Pascua, en que se actualiza la acción liberadora de Dios, el paso de la esclavitud a la libertad y la creación del pueblo de Dios. Es una fiesta de liberación y solidaridad, que Jesús lleva a su plenitud con su muerte y resurrección.

Después de la consagración, el sacerdote dice: “Este es el sacramento de nuestra fe”, que traduce el original latino mysterium fidei. No se trata de una invitación a la adoración de la Eucaristía sino a confesar la presencia dinámica del misterio de la fe cristiana, objeto de nuestra entrega creyente, que es la muerte y resurrección de Jesús. Por eso el pueblo responde proclamando la presencia de Jesús en el misterio de su muerte y resurrección, que está dinámicamente viniendo a cada uno hasta que llegue plenamente en su parusía, que deseamos. Es una preparación a la segunda epíclesis en la que pedimos al Espíritu Santo nos una al sacrificio de Cristo. Este es el centro de la memoria de Jesús. Realmente, si no nos unimos con nuestra vida concreta a su sacrificio, no podemos decir que la celebramos, pues falta lo fundamental. Y esta unión a Jesús implica entrega a su amor, que nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor (Ef 5,2). No hay Eucaristía sin amor a los hermanos. Es interesante constatar que la forma concreta de la segunda epíclesis en el canon II es una oración al Espíritu Santo pidiendo la unidad de los celebrantes en la Iglesia. Es que sin unidad no podemos ofrecernos con Jesús al Padre. Reamente la Eucaristía es celebración de toda la vida de Jesús entregada a los demás y que culmina en su muerte y resurrección.

El Evangelio lo confirma. San Juan, que dedica en su Evangelio un riquísimo capítulo 6 a la Eucaristía, no narra su institución en la Última Cena sino un rito equivalente que realizó Jesús en el contexto de esta institución, el lavatorio de los pies. Es un relato que, igual que el de la Eucaristía, consta de dos partes, rito y mandato. En la Eucaristía, consagración del pan y el vino y mandato de repetir, aquí lavatorio de los pies y mandato de repetir lavándonos los pies mutuamente como hizo Jesús. Con esto Jesús nos enseña que la Eucaristía es el servicio humilde de esclavo que realiza con su muerte y resurrección y con el mandato de lavarnos mutuamente los pies nos dice que repitamos esta celebración con todo lo que implica, entrega de esclavo por la salvación del hermano inspirada en el amor.

Antes de narra el lavatorio, Juan nos recuerda las disposiciones de Jesús, con las que hay que celebrar el memorial con sus implicaciones: en contexto de Pascua, fiesta de solidaridad humana y liberación divina; habiendo amado, amó hasta el extremo; consciente de la traición de Judas y de que no todos van a responder; consciente de su dignidad filial y de su libertad.

Con toda razón hoy se recuerda Caritas. Sin Eucaristía no hay Iglesia y sin Caridad (concreta en Caritas o asociaciones representativas de la comunidad cristiana equivalentes) no hay Iglesia, como la quiere Jesús.

El mandato del memorial también implica la creación del ministerio sacerdotal, sin el cual no hay Eucaristía. Por ello la Iglesia invita también hoy al pueblo cristiano a agradecerlo, a pedir vocaciones y perseverancia para todos los ministros actuales que han consagrado su vida al servicio de la Eucaristía. Que el Señor los fortalezca en sus debilidades para que vivan su ministerio centrado en la Eucaristía y ayudando al pueblo de Dios a vivirla.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del Éxodo 12,1-8.11-14: Es la Pascua, el paso del Señor

SALMO RESPONSORIAL: Salmo 115: El cáliz de bendición es comunión con la sangre de Cristo

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la primera carta del apóstol sam Pablo a los Corintios 11,23-26: Haced esto como mi memorial

EVANGELIO: Lectura del santo evangelio según san Juan 13,1-5: Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo

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