Triunfo de la vida

El Evangelio nos recuerda el comienzo de la fe de Pedro en la resurrección de Jesús y en la 1ª lectura escuchamos su testimonio: Cristo ha resucitado, invitándonos a la alegría y al optimismo. Es la realidad central de la fe cristiana, pues si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, no tiene sentido el cristianismo. Por ello la Iglesia da una importancia especial a esta faceta de nuestra fe, dedicando cincuenta días a celebrarla y profundizarla Significa el triunfo de la vida y el final del mundo de la muerte.

Durante estos días hemos recordado los distintos momentos de la pasión y muerte de Jesús. Todo ello fue efecto del mal del mundo, concretado en el odio, la envidia, la mentira, la injusticia. Denunció la presencia de estas realidades de muerte que están actuando en nuestro mundo causando dolor y muerte, todas ellas contrarias al plan de Dios, y lo pagó con su muerte. Lo recordaba muy bien el evangelio de Juan el domingo pasado, porque dio vida a Lázaro, decidieron matarle. Hoy celebramos que el mal no tiene la última palabra y que Dios padre, que es justicia y amor, lo ha resucitado, y que ese mismo Jesús que predicó por Palestina y murió en Jerusalén sigue vivo, no con la misma vida que le quitaron al crucificarle, sino con una vida nueva, divina, pues su humanidad ha sido glorificada. Más aún, se ha convertido en fuente de esa vida para todo el que cree en él. Celebramos la fiesta de la Vida, personificada en Cristo resucitado, que la ha traído y ha enseñado el camino para hacerlo.

Los cristianos estamos unidos íntimamente a él por el bautismo, de tal forma que hemos escuchado a Pablo afirmar en la 2ª lectura que ya hemos resucitado con él. No es todavía una realidad. Con estas palabras Pablo invita a tomar conciencia de nuestra situación. Ya tenemos la fuerza y garantía de que resucitaremos, que es Cristo resucitado. Él nunca nos deja. Si vivimos unidos a él, cuando llegue el momento final, él nos resucitará por medio de su Espíritu. Él nunca nos deja, pero nosotros lo podemos dejar. Por eso se nos recuerda que tenemos que vivir de acuerdo con las leyes de Cristo resucitado, que son las del mundo “de arriba”. Y estas leyes se resumen en vivir como Jesús, amando, luchando contra los efectos del mundo de la muerte que siguen presentes.

Celebrar la resurrección de Jesús es celebrar la Vida y es un compromiso por un mundo renovado, como Dios quiere.  

En la celebración de la Eucaristía damos gracias al Padre por la obra de Cristo y nos unimos a la vida de Cristo, una existencia consagrada al amor, como forma concreta de ratificar el camino nuevo que nos ha abierto y que conduce a nuestra participación en la resurrección.

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10,34a-37-43: Dios lo resucitó al tercer día

SALMO RESPONSORIAL: Salmo 117: Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-4: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba

EVANGELIO: Lectura del santo evangelio según san Juan 20,1-9: Entró en el sepulcro el discípulo; vio y creyó.

Pin It

BANNER02

728x90