Jesús es el evangelio del reino.

            En el evangelio de este domingo san Marcos ofrece un resumen de lo que fue el ministerio de Jesús en Galilea: proclamar el cumplimiento por medio de su persona y ministerio de las promesas que hizo Dios por medio del profeta Isaías de un Evangelio o Buena Noticia especial, consistente en que iba a reinar como Dios oculto, y que ante esta realidad era necesario responder con la conversión y la fe. La 1ª lectura recuerda un precedente de llamada semejante hecha por el profeta Joel a los habitantes de Nínive, ciudad pecadora, capital del imperio asirio, a la que respondieron positivamente los ninivitas. Ante este hecho san Pablo matiza en la 2ª lectura que el Reino que llega con Jesús es el primer valor que lo relativiza todo.

         Durante el destierro de Babilonia el pueblo judío estaba desanimado, pensando que estaba dejado de las manos de Dios. Isaías lo anima en nombre de Dios anunciando que no tienen motivos, que Dios iba a crear un reino especial, pero que no tendrá lugar de forma ostentosa y triunfalista, como esperan ellos, sino de forma aparentemente pobre, pero eficaz, Dios reinará “como Dios oculto”, sirviéndose de personas humanas. Ahora Jesús afirma que con su presencia y actividad comienza a cumplirse esta promesa, pues ya “se ha cumplido el plazo”. Verdaderamente el tiempo de espera termina con la encarnación del Hijo de Dios que asume la naturaleza humana y se convierte en Dios-hombre, “Dios oculto” en una existencia humana. Ahora hará realidad el reinado de Dios con su ministerio, muerte y resurrección, todo ligado a su persona. Por ello Orígenes afirma que Jesús es personificación del Reino (autobasileia): con su ministerio está “cerca”, con su resurrección ya llega, con su parusía se consumará. Por todo ello Evangelio y Reino de Dios no son teorías o programas de acción, sino una persona, Jesús resucitado. Pertenecer al Reino es vivir bajo el influjo de Jesús, amándolo, siguiéndolo e imitándole. De esta relación dimana un programa y unas normas que sin la relación personal no tienen sentido.

         Reinar significa ejercer un gobierno a favor del pueblo con el objeto de librarlo de enemigos y ofrecerle bienestar y todo tipo de felicidad. En tiempos de Jesús se esperaba que Dios lo hiciera desde arriba de forma político-religiosa en una actuación triunfal por medio de diez legiones de ángeles, convirtiendo a Israel en un imperio político-religioso a la cabeza de todo el mundo. Jesús lo va a hacer realidad de otra forma: se hace solidario con toda la humanidad, echa sobre sí el pecado del mundo, en su ministerio público nos habla de las características de su reinado y realiza signos que señalan sus objetivos: perdona los pecados para enseñar que es fundamental transformar el corazón del hombre, realiza algunos exorcismos para enseñar que el Reino neutraliza el poder de Satanás, cura y resucita a algunas personas para enseñar que el Reino tiende a un mundo sin dolor ni muerte en que la humanidad participe la gloria de Dios. Finalmente muere y resucita por toda la humanidad. Entonces en su humanidad glorificada comienza el Reino de Dios, del que él se convierte en principio y fundamento.

         La repuesta a este pregón de Jesús es conversión y fe, es decir, renunciar a los antivalores contrarios al Reino y entregarnos a Jesús, que tiene que ser el primer valor. A veces se habla de que tenemos que “construir el Reino de Dios”. El Reino es de Dios y lo construye él. A nosotros se nos pide colaboración y la primera que tenemos que ofrecer es “dejarnos gobernar por Dios”. Sta Teresa de Jesús, cuyo centenario celebramos, insiste en que lo primero que Dios nos pide es nuestra voluntad. A ello va encaminada la conversión y la fe como entrega a Jesús. S.Pablo matiza que Jesús lo relativiza todo y se convierte en el primer valor. Pone el ejemplo del actor que en el escenario realiza un papel con toda seriedad, identificándose con su personaje, pero que sabe que él no es esa persona y que dejará de representarla cuando “caiga el telón” de esta existencia mortal. Entonces vivirá su auténtica personalidad. El cristiano sabe que su auténtica personalidad es ser hijo de Dios, unido a Jesús, y que debe vivir esta personalidad en todas las situaciones de su existencia, casado o consagrado, en un trabajo o en otro, en los momentos gozosos y los dificultosos… Es la forma de ser del que ama a Jesús por encima de todas las cosas.

Siempre que celebramos la Eucaristía, Jesús actualiza su alegre pregón anunciando que el Reino está en marcha e invitándonos a incorporarnos cada vez estrechamente a él en su persona.

Primera lectura: Jonás 3,1-5.10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

Salmo responsorial: Sal 24,4abc. 5ab. 6-7bc. 8-9: Señor, instrúyeme en tus sendas

Segunda lectura: 1 Cor 7,29-31: La representación de este mundo se termina

Evangelio:Mc 1,14-20: Está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed el Evangelio. Llamó a dos parejas de hermanos.

Pin It

BANNER02

728x90