jesús, el verdadero maestro

         El domingo pasado resumía san Marcos la actividad de Jesús diciendo que proclamaba la cercanía del Reino de Dios, hoy nos concreta que lo hacía enseñando con autoridad las exigencias del Reino y practicando lo que enseña actuando contra las fuerzas del mal. El relato termina diciendo que los oyentes se admiraban de este tipo de enseñanza y del poder de su palabra: Habla con poder. Manda a los espíritus impuros y le obedecen. De esta forma Marcos invita a los oyentes actuales a admirarse de la Palabra de Jesús. La 1ª lectura ayuda a comprender este texto haciendo ver que se trata del cumplimiento de una profecía de Moisés en que anunciaba la llegada de un profeta especial con una autoridad extraordinaria. La 2ª lectura propone una enseñanza concreta sobre la virginidad, que expone san Pablo en nombre de Dios.

         De un gobierno se espera que dé leyes con presupuesto para llevarlas a cabo, porque sin ello no servirían para nada y serían papel mojado. Por ejemplo, una ley sobre asistencia a ancianos sin presupuesto para pagar a los que la hagan realidad no sirve nada, hace falta que vaya acompaña de medios económicos que faciliten su realización. La palabra de Jesús es una palabra con poder, que no sólo dice sino que ofrece los medios para llevarlo a cabo. Por ello se admiraban sus contemporáneos y hoy se nos invita a nosotros. Es además una palabra con poder porque es la auténtica y verdadera, pues Jesús habla de lo que “ha visto y oído junto al Padre” (Jn 5,19.31).

         Los hombres somos peregrinos de la felicidad, pero ¿cómo conseguirla? Históricamente han aparecido muchos maestros ofreciendo caminos, pero ¿cuál es el verdadero? Un primer problema que se plantean hoy muchos es la misma existencia de la verdad. Opinan que no existe la verdad absoluta y que la verdad es lo que a cada uno le conviene, y caminan sin ley ni concierto, siguiendo lo que creen ser su verdad, sin llegar a ninguna parte. Jesús se presente hoy como la Verdad. En otra ocasión afirmó «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,5): es el camino que nos conduce a la verdad y ésta a la plenitud de la vida y felicidad, que consiste en vivir ahora como hijos de Dios y después gozar plenamente como tales junto a Dios padre. Y para ello no sólo indica qué tenemos que hacer sino que con su Espíritu nos capacita para llevarlo a cabo, sus enseñanzas son siempre “leyes con presupuesto”. Así podemos llevar una vida con sentido, sabiendo a dónde vamos y los pasos que tenemos que dar. Todo ello es motivo para admirarnos, como los primeros oyentes de Jesús. Esto nos exige buscar y conocer su palabra, contenida en la Biblia y en la Tradición viva de la Iglesia. Una forma concreta consiste en prestar atención especial a la palabra que se proclama cada domingo en la Eucaristía.

         Las enseñanzas de Jesús se resumen en el amor, porque el camino del amor auténtico es el que conduce a Dios, que es amor y esto implica hacer el bien y luchar contra las manifestaciones del mal. Jesús era coherente con lo que enseñaba y lo ponía en práctica. Hoy se nos recuerda que curó a un endemoniado con el poder de su palabra, invitándonos así a poner nuestra plena confianza en él, cuyo poder es superior a todos los demonios, y a seguir su ejemplo luchando contra las manifestaciones del mal.

         En la 2ª lectura se nos recuerda una palabra de Dios que inspiró al apóstol san Pablo sobre la virginidad y el celibato, explicando lo que Jesús enseñó sobre el celibato por el Reino de Dios (Mt 19,12). Virginidad y celibato encuentran su justificación en hacerlo por el Reino de Dios en cuanto que permiten dedicar todas las energías personales a las exigencias del Reino de Dios, a amar a Dios y al prójimo, es decir, no es un vivir en plan de solterón o solterona dados a una vida cómoda, sino vivir solidarios con los dolores y gozos de los demás, orando y trabajando por su bien, cosa que no puede hacer el casado con dedicación total, pues debe hacerlo primordialmente y en conciencia por los intereses de la familia, y después también, en la medida de lo posible, atender a las necesidades del prójimo, como hacen ejemplarmente muchas familias cristianas. Lo explica san Pablo para afirmar que la virginidad y celibato son legítimos y tienen razón de ser en la Iglesia, pero que se trata de un don que solo debe asumir el que crea que lo ha recibido de Dios.

         En cada celebración de la Eucaristía resuena la palabra de Dios con autoridad de una forma especial, pues todo lo que anuncia se hace realidad sacramentalmente en Cristo, la verdad y la vida, el camino que nos lleva al Padre. Por eso es muy recomendable la costumbre de leer y meditar previamente las lecturas que se van a proclamar (hoy día es fácil encontrarlas en muchos sitios), que nos interrogan y piden una respuesta.

Primera lectura: Dt 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Salmo responsorial: Sal 94,1-2.6-7. 8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor

Segunda lectura: 1 Cor 7,32-35: El célibe se preocupa de los asuntos del Señor

Evangelio:Mc 1,21-28: ¿Qué es esto? Una enseñanza con autoridad. Manda a los espíritus inmundos y los expulsa.

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