jesús y los marginados

Las lecturas de hoy giran torno a la curación de leproso y su sentido salvador. La 1ª recuerda la legislación que ordena que el sacerdote es el competente para declarar que una persona ha contraído la lepra y debe vivir apartada de todo contacto humano, sin acercarse a las personas, y al contrario, declarar que ya está curada y puede reintegrase en la vida común. Esto ayudará a comprender porqué Jesús envió al curado a un sacerdote para que declarara su curación. El evangelio narra la curación de un leproso, que desobedeciendo la prohibición de vivir apartado, se atreve a acercarse a Jesús y, de rodillas, hace un acto de fe en su poder curativo y le suplica la purificación. Jesús no le regaña por su desobediencia, al contrario, movido por la compasión, le toca –compartiendo su impureza legal- y lo purifica, mandándole que vaya a un sacerdote para que certifique su purificación y esto le sirva además de testimonio de que ha llegado el reino de Dios. Finalmente en la 2ª lectura san Pablo exhorta a vivir buscando en todo la gloria de Dios y el bien de los hermanos, evitando todo tipo de escándalo.

S Marcos narra esta curación como el hecho más importante de la primera gira apostólica de Jesús y es que la curación de un leproso tiene mucha importancia en el contexto histórico cultural judío en que la realizó. Hoy día, gracias a Dios, la lepra ha dejado de ser problema, y es fácilmente curable, pero en aquella época, curar un leproso significaba, por una parte, curar una enfermedad grave, que se consideraba equiparable a la muerte, pues era vivir un proceso de desintegración corporal en vida. Así lo recoge el Talmud (cf tratado Sanedrín 45). Por ello Jesús, al curar al leproso, está resucitando a un muerto, y, por otra, curar al leproso es reintegrar en la vida social a un marginado, y no solo en la social, sino en la religiosa, que tenía lugar en la sinagoga y en el templo, a donde los leprosos no podían acudir. Jesús reintegra a todos los marginados en la vida civil y religiosa.

Estas lecturas invitan a integrarnos en la vida eclesial y en movimientos eclesiales. Jesús quiere que caminemos juntos hacia nuestra salvación, ayudándonos mutuamente. No quiere francotiradores. Y si ya lo estamos, a agradecerlo y fortalecerlo. Igualmente quiere que no nos marginemos en la vida política, pues todos tenemos obligación de participar en el bien común de la comunidad.

Por otra parte, siguiendo sus pasos, Jesús nos invita a integrar en la vida civil y religiosa a tantos marginados como existen hoy día: mendigos, sin papeles, enfermos de sida, todos los “descartados” del mundo actual. A veces las marginaciones son fáciles de corregir, a veces son fruto de situaciones complejas que no se pueden simplificar y necesitarán estudio y paciencia, pero lo importante es reconocerlas y dar pasos hacia la solución. Solucionarla es tarea del Estado y de toda la sociedad. La Iglesia tiene organizaciones que se dedican a esta tarea y que debemos apoyar, como Caritas, Manos Unidas, las que se dedican a madres solteras, a inválidos, etc, pero esto no exime a cada uno de poner su granito de arena, primero, como recuerda la 2ª lectura no contribuyendo a marginaciones y después procurando hacerlo todo buscando la gloria de Dios, que es el bien de todos, especialmente de los marginados.  

Es interesante notar que Jesús cura, “movido a compasión”. Com-padecer, compartir los sufrimientos del otro. La compasión no se debe oponer a la justicia, es mucho más, es actuar movido por el mejor tipo de amor desinteresado. Así obra Dios. Y así debemos actuar con los marginados, evitando todo tipo de indiferencia.

La Eucaristía es sacramento de la unidad, su celebración debe ser expresión de la integración eclesial de todos los miembros de la comunidad y alimento para trabajar contra todo tipo de marginación.

Primera lectura: Lev 13,1-2. 44-46: El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento

Salmo responsorial: Sal 31,1-2. 5. 11: Tú eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación

Segunda lectura: 1Cor 10,31-11,1: Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo

Evangelio:Mc 1,40-45: Le desapareció la lepra y quedó limpio

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