1 Lectura: Daniel 7,13-14. Su dominio es eterno y no pasa

2Lectura: Apocalipsis 1,5-8. El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.

3 Lectura: Juan 18,33b-37. Tú lo dices, soy rey

 

“TU LO DICES: SOY REY”

En este último domingo del tiempo ordinario, celebramos la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Para muchos el nombre de esta solemnidad puede traer reminiscencias diversas. Algunos pueden asociar esta imagen con determinadas evocaciones políticas o con imágenes desfasadas que poco pueden aportar a nuestra fe o a nuestro mundo.

Sin embargo la constatación de que Jesús es el Rey del Universo se enriquece si observamos desde donde ejerce su realeza. Cristo no reinó en los sitios privilegiados, ni desde los puestos de influencia, al contrario eligió lugares humildes, personas anónimas. Su enseñanza era discreta, pero con autoridad. Enemigo de las multitudes, huía de las situaciones en las que se le pretendió ensalzar.

Cristo reinó en el servicio continuo hacia los demás, en la entrega absoluta, total y sin reservas a los planes de Dios. Su compromiso con los necesitados y con los ultrajados, con los desgraciados y los pecadores. Los que estaban marginados en la sociedad, leprosos, ciegos, viudas, prostitutas…se convirtieron en su corte.

Su realeza, no fue obstáculo para tratarse con nadie, ni para alejarse de nadie. Su cercanía y dedicación nos indican a los cristianos cómo debemos realizar también nuestra misión en la extensión de la fe.

Muchas veces los cristianos hemos querido hacer del Reino de Dios un espejo en el que poder mirarnos.. a medida. Nos hemos olvidado de que el Rey del Universo se hizo hombre y declinó honores y componendas. Cristo fue y es el Rey de ese Reino que nos entrega y que comienza en Él.

Nos enseña a descubrir la inmensa alegría que proporciona su Reino. Nos invita a la conversión, viviendo las exigencias del reino de Dios con entrega total y confiada.

Su realeza no es instrumento de opresión, sino de liberación. Esta fiesta nos puede ayudar a tener a Jesucristo como el Rey de nuestra vida, apartando a todos esos reyezuelos que se van incorporando sin permiso y a hurtadillas en nuestro corazón; a quienes debemos esclavitud y pleitesía. Seamos verdaderamente libres sirviendo al Rey del Universo. El amor, la misericordia, la compasión, la fe, serán nuestro mejor tributo.

Que Dios les bendiga

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