la eucaristía dominical, máxima expresión del culto existencial cristiano

El Evangelio habla de la naturaleza del nuevo culto existencial creado por Jesús. Si Dios es creador, nos ha dado la vida y todo lo que tenemos, no quiere que le demos “cosas”, pues él es el creador de todas ellas, sino nuestra vida consagrada a hacer su voluntad. Fue lo que hizo Jesús creando un nuevo templo y culto existencial con su muerte y resurrección, que ahora, en la celebración eucarística, se está actualizando. Ahora el Padre nos muestra su amor, hablándonos y entregándonos a su Hijo muerto y resucitado. Y espera de nosotros que nos unamos al sacrificio de Jesús y le respondamos entregándole nuestra vida de forma concreta, haciendo su voluntad cada día en todo nuestro quehacer. Esta es la verdadera sabiduría que realiza plenamente a la persona (2ª lectura) y se concreta en el decálogo (1ª lectura), concreción de la voluntad de Dios que da vida eterna (salmo).

El decálogo es una lista de mínimos, que alude a las diversas facetas en que se debe concretar al amor a Dios y a los hermanos. Este enunciado minimalista, por su parte, invita a una lectura maximalista, inspirada en el amor, que explicite los valores en que se apoya cada mandato, ofreciendo así un amplio programa de vida cristiana, expresión de una moral liberadora: dejar el primer puesto a la voluntad de Dios sobre mí y sobre el mundo ( 1º y 2º mandamientos), tener tiempo para Dios y usar el propio tiempo de forma constructiva (3º), favorecer el espacio de vida de la familia ( 4º), promover la vida y preservarla, incluso la del que sufre y no es productiva, de las decisiones arbitrarias del sistema y de las manipulaciones sutiles de la opinión pública (5º), favorecer la vida matrimonial y neutralizar los gérmenes de división que la debilitan (6º), detener todas las formas de explotación del cuerpo, del corazón y del pensamiento (7º), proteger a la persona de los ataques a su fama (8º) y contra todas las formas de engaño, de explotación, de abuso y de imposición (9º y 10º).

Hoy, domingo, se nos invita a revalorizarlo. La Eucaristía debe ser el centro. Una celebración legalista, que solo busca “cumplir y quedarse tranquilo para no pecar”, acabará por no decir nada y abandonarla. El cumplimiento que Dios espera es que le entreguemos, unidos a la oblación de Jesús, nuestro corazón y nuestra vida, nuestros deseos, logros y fracasos. Él nos responde entregándonos a Jesús en la comunión para fortalecernos y seguir caminando. Todo esto exige una preparación previa, meditando las lecturas que se proclamarán y pensando en la respuesta que daremos. Y durante la semana, recordar lo que hemos ofrecido para seguir llevándolo a la práctica. Junto a esto, el domingo es día de familia, de amigos y de descanso. Además, en la cultura occidental, el domingo es el culmen de un espacio de liberación del trabajo profesional, que puede empezar el viernes por la tarde y que debe dedicarse a la familia, a los amigos y a la propia formación. Desgraciadamente no todos pueden gozar de este tiempo o porque no tienen trabajo o porque tienen un trabajo que esclaviza. El cristiano debe tenerlo en cuenta y trabajar para que cambie esta situación.

Primera lectura: Éx 20,1-7: El decálogo.

Salmo responsorial:Sal 18,8. 9. 10. 11: Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Segunda lectura: 1 Cor 1,22-25: Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero sabiduría de Dios para los llamados.

Evangelio: Jn 2,13-25: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Hablaba del templo de su cuerpo

Pin It

BANNER02

728x90