las promesas bautismales

         Uno de los objetivos de la Cuaresma es prepararse para renovar con conocimiento de causa las promesas bautismales. Esto supone apreciar el don del bautismo y ser conscientes de sus implicaciones en la vida cristiana. Las lecturas de este domingo ofrecen diversas perspectivas de la vida bautismal.

El texto de Efesios (2ª lectura) es una descripción de todo lo que sucede en el bautismo: estando muertos, Dios nos vivifica y nos hace participar la resurrección de Jesús e incluso nos sienta en el cielo con él. Ya se da por hecho este final de resurrección y entronización con Jesús resucitado. San Pablo lo presenta como ya hecho como medio para afirmar que la gracia recibida, cuando se colabora con ella, es eficaz y capacita para llegar al final. Esta colaboración es posible, pues junto con el perdón y la vida nueva, se nos da la capacidad, y con ella la obligación, de hacer buenas obras que hagan posible crecer y llegar a la meta. Los cristianos podemos hacer buenas obras, no como fruto de nuestro solo esfuerzo, sino de la gracia de Dios. Todo esto es gracia.

El Evangelio subraya el tema de la gracia. Todo se debe al amor de Dios que ha enviado a su Hijo para que tengamos vida. Ahora bien, esta gracia bautismal tiene carácter de juicio, en cuanto que somos nosotros los que ahora nos juzgamos y pronunciamos una sentencia sobre nuestra vida, según acojamos o no a Cristo y la vida nueva. Al final de nuestra vida Dios Padre ratificará la sentencia que nos hayamos dado. Si hemos aceptado la gracia de configurarnos con Cristo y el Padre nos ve como hijos suyos en Cristo, nos acepta, porque junto a él solo caben su Hijo y sus hermanos; si, por el contrario, hemos rechazado la configuración de Cristo, respetará nuestra opción y no nos recibirá.

La primera lectura ofrece un ejemplo negativo de falta de colaboración del pueblo judío con los dones de Dios, que tuvo como consecuencia la destrucción del templo de Jerusalén. Pero Dios misericordioso de nuevo envía al pueblo a su tierra para que reconstruya un templo nuevo, que es anuncio del nuevo templo que Dios se quiere construir en el corazón de cada uno y en su Iglesia.

La palabra de Dios invita a tomar conciencia del don recibido y de la gravedad de nuestra colaboración. Esta se resume en la fe en Dios Padre, en Jesucristo, en el Espíritu Santo y en la Iglesia, que renovaremos en la Vigilia Pascual, renovación que conviene ir preparando en este tiempo de Cuaresma. Creer en el Padre es aceptarlo como creador y padre cuyo amor nos desborda y pide en correspondencia un amor y confianza total en su providencia en nuestra vida de cada día. Creer en Jesucristo es agradecer su vida, aceptarlo como Señor de nuestra existencia, ponernos en sus manos y vivir haciendo su voluntad cada día. Él es el modelo de hijo de Dios y el medio que nos lleva al Padre. Creer en el Espíritu es creer en la fuerza del amor que él nos infunde, habitando en nosotros, convirtiéndonos en templos vivos y capacitándonos para hacer buenas obras. Creer en la Iglesia es aceptarla como familia en que Jesús quiere que vivamos su señorío, recibiendo su ayuda y ayudando a nuestros hermanos a caminar hacia la meta, a pesar de sus limitaciones y pecados. Por otra parte, desde un punto de vista negativo, tenemos que renunciar a Satanás y su obras, el pecado y todas sus manifestaciones.

La Eucaristía supone y potencia la vida bautismal. En ella el Espíritu nos une a Jesús y por él entregamos nuestra vida al Padre. Así actuamos como pueblo sacerdotal y potenciamos nuestro carácter de templos vivos. Esto será garantía para hacer realidad la audaz afirmación de Efesios: hemos resucitado con Cristo y compartimos su gloria.

Primera lectura:  2 Crón 36-14-16: La ira y la misericordia del Señor se manifestaron en el destierro y en la liberación del pueblo.

Salmo responsorial: Sal 136,1-2. 3. 4. 5. 6: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Segunda lectura: Ef 2,4-10: Muertos por los pecados, por pura gracia estáis salvados.

Evangelio: Jn 3,14-21: Dios mandó a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

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