conocer al verdadero Jesús

 

La liturgia del Domingo de Ramos, al comienzo de la Semana Santa, es una invitación a disponernos adecuadamente para la celebración del triduo pascual. Se nos invita a contemplar y agradecer la pasión de Jesús, y a imitarla en nuestra vida.

 

La liturgia se centra en la proclamación de la pasión según san Marcos. Los evangelios contienen cuatro relatos de la pasión de Jesús, en los que se narran los mismos acontecimientos, pero cada uno desde una perspectiva diferente. El de san Marcos subraya que Jesús vivió durante su pasión el fuerte contraste entre fe y experiencia que caracteriza la vida cristiana. Los destinatarios de su evangelio no tienen ideas claras sobre la fe en Jesús, opinando que ser creyente implica no solo salvación espiritual sino también material en cuanto que la fe en Jesús libra de todo tipo de problemas. Esta opinión chocaba con la realidad: ser creyente no solo no libra de problemas materiales sino que crea más: no solo tiene enfermedades y sufrimientos como todos los humanos sino que sufre incomprensión, aislamiento, persecución... De aquí las dudas ¿Jesús es Señor? ¿Dónde está su señorío? ¿De qué libera? Toda la obra de san Marcos intenta responder a esta pregunta y lo hace especialmente en el relato de la pasión, en que el mismo Jesús vive este contraste entre fe y experiencia.

 

Este contraste aparece en los diferentes relatos de la pasión: la Eucaristía, sacramento del amor y la donación, es instituida por Jesús en contexto de traición y abandono; en Getsemaní el que se considera Hijo aparece muerto de miedo y angustia; el que es Hijo, ora confiadamente al Padre, pero éste aparentemente no le escucha; vienen los enemigos y sus discípulos, llamados a estar con él (Mc 3,14), le traicionan y abandonan; se declara solemnemente Mesías ante el sanedrín y éste se burla de él; acusan a Jesús y éste calla; Pilato le reconoce justo, pero lo condena; el pueblo prefiere Barrabás a Jesús; los tran­seúntes se burlan de Jesús: “¡el que destruye el templo y lo reedifica en tres días!”, afirmación que es burla desde la experiencia, pero verdad desde la fe. Jesús se siente abandonado y la respuesta histórica es tiniebla, burla e incom­prensión... Esta es también la condición del cristiano que debe asumir, siguiendo a Jesús. Realmente la vida cristiana es una necedad desde un punto de vista humano, pero sabiduría divina desde la fe. El cristiano confiesa a Jesús como Señor de la historia, pero los hechos contradicen constantemente esta convicción. A pesar de eso, hay que vivir en la fe de esta verdad.

 

Las otras lecturas enriquecen esta visión. La primera lectura proclama el tercer poema del Siervo de Yahvé, en que éste se presenta como alumno disciplinado del Padre, atento a conocer su voluntad y así poder decir una palabra de aliento a sus hermanos que ahora comparten sus sufrimientos. Esta fue la fueza interior que animó a Jesús en su pasión. El himno de Filipenses (2ª lectura), compuesto por los primeros cristianos, canta el amor del Hijo preexistente de Dios que no se quiso encarnar en una humanidad gloriosa, sino en nuestra humanidad débil hasta las últimas consecuencias, asumiendo las contradicciones de la fe y muriendo en una cruz, por lo cual el Padre lo glorificó y exaltó sobre todas las criaturas. El servicio humilde hasta la muerte es el camino para la gloria. No se trata de masoquismo, exaltando el dolor como tal, sino de mostrar el verdadero camino hacia la exaltación que toda persona desea.

La celebración de la Eucaristía es presencia sacramental de esta muerte y resurrección, invitando a todos los participantes a unirse ahora a la muerte, haciendo la voluntad de Dios en cada momento, para participar después su resurrección.

Primera lectura: Is 50,4-7: Dios me abrió el oído.

Salmo responsorial: Sal 21: Dios mío, Dios mío, )por qué me has abandonado?

Segunda lectura: Fil 2,6-11: Se rebajó... por eso Dios lo levantó sobre todo.

Evangelio: Mc 14,1-15,47: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

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