la muerte reveladora de Jesús

La liturgia de hoy invita a profundizar lo que significa la muerte de Jesús. Toda vida es reveladora de la persona, pero hay momentos que lo hacen de una manera especial, como sucede en la muerte.

La Iglesia no es masoquista, celebrando el dolor por el dolor. Si celebra la pasión y muerte de Jesús, es por lo que significa: expresa el amor del Padre que entrega a su Hijo; igualmente expresa el amor del Hijo que se entrega por nosotros.

Además, Jesús muriendo en la cruz quiere iluminar el misterio del dolor humano injusto. ¿Por qué Dios permite esta muerte injusta? Es una consecuencia de la creación del hombre, libre y responsable. Nos gusta ser libres, pero que en los momentos de una injusticia grave Dios intervenga y la impida, como el niño que hace todo lo que quiere y, cuando le crean problemas, acude a sus padres… Dios ha creado al hombre libre y responsable de sus obras. Es el hombre el que debe organizarse de forma que no se cometan injusticias. Esto tiene el riesgo de que de hecho se cometan. Jesús crucificado es el símbolo de todas las injusticias cometidas. Su imagen sugiere hasta dónde puede llegar la maldad humana y, por otra, hasta qué punto respeta Dios la libertad del hombre y no interviene con 12 legiones de ángeles para evitarlo. ¡Qué don tan grande es la libertad del hombre, característica especial de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios!

Por otra parte, celebramos la muerte de Jesús desde la certeza de su resurrección. El Jesús doliente que recordamos, hoy día es el Jesús glorioso que está sentado a la derecha del Padre intercediendo por nosotros. Realmente hoy día no sufre Jesús-cabeza, pero sufre en sus miembros, fruto de las injusticias humanas, que prolongan la pasión injusta de Jesús y abuso de la libertad concedida por Dios. Por eso se apela a nuestra responsabilidad de hombres libres para que los socorramos. La compasión por Jesús por lo que sufrió es legítima, pero para que no se quede en puro sentimentalismo debe prolongarse en ayudar y complicarse la vida por esa multitud de personas que pasan hambre, que sufren esclavitud, que sufren enfermedad, que están en la prisión, prolongando la pasión de Jesús. Es la manera correcta que tenemos de compartir su cruz gloriosa.

Las lecturas de esta celebración ofrecen buenas pistas para profundizar en la pasión. La segunda y tercera están escritas desde la perspectiva de la resurrección. La injusta muerte de Jesús no quedó en fracaso. Jesús la aceptó y vivió con amor y por ello Dios Padre la convirtió en camino para la verdadera plenitud. Desde este punto de vista lee la primera, que es el cuarto poema del Siervo de Yahvé, el más desarrollado de los cuatro, donde se le presenta como cordero inocente, representante de la humanidad, en cuyo favor sufre y muere. Cristo ha muerto por nuestros pecados. La carta a los Hebreos ofrece un comentario profundo de la muerte de Jesús y de sus consecuencias: muere anhelando la plenitud de la vida y la consigue para él y para nosotros. Ahora el Señor resucitado nos comprende, pues, aunque no puede sufrir, tiene la experiencia de lo que es una existencia humana amando y sirviendoa los demás e injustamente correspondida. De esta forma se nos invita a seguir su camino de cruz como camino de la plenitud salvadora. Finalmente la pasión según san Juan es el relato más sublimado de la pasión de Jesús, en el que la presenta como el camino regio de un rey hacia su trono. En todo él Jesús aparece consciente, libre y dueño de su destino y de los acontecimientos.

Pronto vamos a celebrar la Vigilia Pascua y en ella la renovación de nuestras promesas bautismales. Estar bautizado significa estar incorporado a la muerte de Jesús, compartiéndola ahora para poder compartir más adelante su resurrección. Hoy recordamos la pasión de Jesús como modelo del camino que ha de seguir su discípulo, ayudando a sus hermanos como él nos ayudó a nosotros hasta dar su vida.

Primera lectura: Is 52,13-53.12: El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación

Salmo responsorial: Sal 30: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Segunda lectura: Heb 4,14-16; 5,7-9: En su angustia fue escuchado

Evangelio: Jn 18,1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan              

Pin It

BANNER02

728x90