tener corazón de buen pastor

            El tiempo de Pascua invita a profundizar en lo que significa e implica la resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana. Las lecturas de hoy nos dicen que la resurrección constituye a Jesús en único salvador (1ª lectura), que su salvación consiste en transformar nuestra humanidad (2ª lectura) y que todo esto lo hace como Buen Pastor, que da su vida para compartirla con nosotros (Evangelio).

         Para conseguir el bien común, necesitamos unirnos y colaborar todos para alcanzarlo. Además es fundamental que cada uno realice su tarea con competencia y dedicación al bien común, anteponiéndolo a sus intereses particulares. Al que actúa así, le aplicamos el adjetivo bueno y hablamos de buen administrativo, buen médico, buen profesor, buen albañil, buen político… Jesús se define a sí mismo como buen pastor, el pastor auténtico, pues reúne las condiciones y cualidades necesarias para ello. Es aquel que puso el interés de las ovejas sobre sus propios intereses, hasta el punto de que dio su vida por nosotros. Este mismo Jesús, ahora resucitado, continúa con nosotros ejerciendo su oficio y lo hace de dos maneras, directamente e indirectamente por medio de sus enviados.

         Como pone de relieve la 2ª lectura, Cristo muerto y resucitado nos ha posibilitado ser hijos de Dios y compartir su naturaleza divina. Por la fe y el bautismo nos hemos unidos a Jesús, y se nos ha regalado el ser hijos de Dios, hijos en el Hijo y así participes de la naturaleza divina. Este don lo vivimos ahora en la oscuridad de la fe, pero es real, como se verá en el momento de nuestra llegada a la casa del Padre en que veremos a Dios tal cual es, lo que implica que ya tenemos esos ojos nuevos, capaces de ver a Dios y que ya participamos de su naturaleza divina. Todo cristiano participa la naturaleza divina de Jesús y esto implica compartir su corazón de buen pastor, por lo que está llamado a continuar su tarea en su contexto vital, en su familia, en su profesión y entre sus amigos. Ser cristiano es ser buen pastor.

Esto exige buscar siempre lo mejor para la persona y para el pueblo, aunque a veces esto no sea lo políticamente correcto y haya que asumir molestias y pérdidas personales. Jesús fue modelo en esto. Dio voluntariamente su vida por los demás. La sociedad de su tiempo lo rechazó como piedra inútil en la construcción de su sociedad, que querían fundada en el egoísmo y en el odio. En este contexto estorbaba y siguen estorbando hoy día los que continúan su misión, pero la piedra desechada por los arquitectos se ha convertido en piedra angular (1ª lectura y salmo responsorial) de la auténtica sociedad, querida por Dios. El buen pastor sabe perder para ganar: En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna (Jn 12,24s).

En este domingo la Iglesia invita a recordar especialmente las vocaciones consagradas, sacerdotes, religiosos, laicos. Cada uno de ellos en su propio rango es buen pastor, necesario para la comunidad eclesial, pues ha consagrado su vida a Cristo de una manera especial sirviendo a los hermanos. Es obligación de toda la comunidad pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas, dar gracias por todos los que están trabajando por sus hermanos y pedir al Señor que los sostenga en su tarea.

         En cada celebración de la Eucaristía se hace presente el buen Pastor, que continúa dando su vida, cuidándonos en la tarea de crecer en el amor y alimentando nuestro corazón de buen pastor.

Primera lectura: Hch 4,8-12: Ningún otro puede salvar.

Salmo responsorial: Sal 117: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Segunda lectura: 1Jn 3,1-2: Veremos a Dios tal cual es.

Evangelio: Jn 10,11-18: El buen pastor da la vida por las ovejas

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