Dios es amor

Primera lectura: Hechos 10,25-48. El Espíritu Santo se derramará también sobre los gentiles.
Salmo 97. El Señor revela a las naciones su justicia.
Segunda lectura: 1 Juan 4,7-10. Dios es amor.
Evangelio: Juan 15, 9-17. Éste es mi mandamiento: que os améis como yo os he amado.

El evangelio de este Domingo sexto de Pascua tiene como eje central el amor. Si bien es cierto que esta hermosa y singular palabra ha llegado a ser vana y vulgar en muchas ocasiones y con frecuencia es pronunciada con demasiada ligereza, no por ello dejamos de reconocer que es la fuente de vida para muchos. El amor es un vocablo que sigue hechizándonos y revela lo mejor y más profundo de nosotros.

No podemos olvidar que hemos sido creados por amor y en amar encontramos la mejor forma de desplegar todo el potencial humano que albergamos.

La reflexión de San Juan no es meramente conceptual. Es una invitación a acoger el amor de Cristo, para poder cumplir su mandamiento. San Juan nos esboza una definición sugerente y acertada de lo que es el amor. Nos presenta la íntima relación que existe entre Dios y el amor, entre Dios y nosotros: “Dios es amor” y lo ha revelado El Hijo de una manera visible en Cristo, que ha entregado su vida por amor.

No somos nosotros quienes amamos primero. Es Él quien nos ha amado, anticipándose a nosotros y llevando la iniciativa en todo momento. Y lo ha demostrado. No es el suyo un amor de palabra y boca sino de hechos. El envío de Jesucristo, su Hijo al mundo, hace ahora dos mil años es la máxima manifestación del amor de Dios a la humanidad.

La invitación del evangelista es movernos a descubrir el amor divino para poder entender el amor humano. El amor de Cristo es fruto del amor del Padre, es muestra de plenitud, es causa de alegría. La entrega y la donación total son la prueba definitiva del amor. A la luz del amor de Jesús examinamos nuestros amores y purificamos nuestros desamores. En nuestra vida familiar y social tenemos muchas ocasiones de ejercitar este primer mandamiento. No desaprovechemos la oportunidad de extender el amor de Dios hacia los hombres, nuestros hermanos.

El amor que Dios derrama sobre nosotros es creativo, genera los demás amores. El amor de Cristo, amor infinito, sin límites ni excepciones es el modelo al que debe aspirar siempre nuestro amor humano.

Ramón Carlos Rodríguez García, sacerdote

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